
Mary Oliver: Celebrando la Naturaleza para Escapar del Ruido Humano
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La escritora Mary Oliver, nacida en Maple Heights, Ohio, en 1935 y fallecida en Hobe Sound, Florida, en 2019, fue una figura discreta pero una voz poética indomable. Dos nuevas traducciones de su obra resaltan su espíritu libre, heredero de naturalistas como Henry David Thoreau y Ralph Waldo Emerson.
Oliver se levantaba temprano para contemplar el amanecer, adoptando un ritmo de vida cercano al de una campesina, guiada por la luz del sol y ajena al tiempo humano. Realizaba largas caminatas por el monte, observando aves e insectos, respetando el territorio de los animales y sintiéndose en armonía con el ecosistema. Estas experiencias eran luego plasmadas en su poesía.
Como muchos niños, Oliver encontró refugio en los libros, creando su propio mundo a partir de una infancia en una familia disfuncional.
Una Poeta Indómita
A lo largo de más de medio siglo de carrera, Mary Oliver publicó más de treinta libros, cuya llegada a otras latitudes fue gradual. Recientemente, se ha publicado **Devociones** (Lumen, 2025), una extensa selección de poemas realizada por la autora antes de su muerte, en versión original y traducida por Andreu Jaume. Esta publicación subsana una importante carencia en español.
Simultáneamente, se ha lanzado **Vita longa** (Errata naturae, 2025, trad. Regina López Muñoz), un libro entre el ensayo y la memoria, que sigue la línea de **La escritura indómita** (1995) y **Horas de invierno** (1999), también publicados por la misma editorial. Estas obras ofrecen una excelente introducción al universo de una de las mejores poetas del siglo XX.
Respeto, Amor y Libertad
Oliver vivía para la poesía, pero su mayor logro fue su vida, marcada por una coherencia poco común con sus principios: respeto, amor, naturaleza, libertad, paz y humildad. Estos valores se reflejan en sus páginas, filtrados por su intimidad, que siempre abraza a sus allegados y a sus autores admirados, como Ralph Waldo Emerson y Nathaniel Hawthorne en **Vita longa**, o Walt Whitman y Edna St. Vincent Millay en **La escritura indómita**.
Para la edición de **Devociones**, se optó por una cronología inversa, desde su último poemario (**Alegría**, 2015) hasta el primero (**Ningún viaje**, 1963). En todos ellos, se observa una constante: una atención primorosa a la naturaleza en toda su vastedad y riqueza, en su belleza silvestre e indomesticable. Oliver no es una espectadora, sino que se integra en el medio natural.
La Unión con la Naturaleza
Siguiendo la escuela de Emerson y Thoreau, Mary Oliver encuentra el sentido en la unión con la naturaleza, fundiendo la identidad individual en algo más grande e imperecedero, algo en constante renovación, digno de celebrar. En esta espiritualidad, alejada de la religión dogmática, reside lo que la salva del ruido y de los horrores de la humanidad.
Una Guía para la Vida
A pesar de carecer de formación científica, su familiaridad con el mundo natural y su capacidad de atención le permiten ofrecer descripciones precisas y primorosas de plantas y animales de todo tipo.
Sus poemas, especialmente en su madurez, invitan a la alegría, al deleite de todo lo que el universo ofrece sin pedir nada a cambio: silencio, pausa y devoción. Su actitud no implica esconderse del mundo, sino resistir, inspirarse en el medio ambiente para proponer una forma de vida que permita recuperar el planeta y mejorar las relaciones con los semejantes y con todo ser vivo.
Para muchos, la poesía de Mary Oliver es más que un deleite o una forma de engrandecer el mundo interior; es una guía para la vida, si uno está dispuesto a escucharla. En una sociedad donde los credos religiosos se han arrinconado, la trascendencia puede residir en una comprensión amorosa del entorno, en reforzar lazos y en fundirse con algo más grande que uno mismo, liberándonos de nuestros autosabotajes.
Amor y Compromiso
Mary Oliver mantuvo una relación de más de cuarenta años con la fotógrafa Molly Malone Cook, quien también fue su agente. Esta relación, plasmada en el libro **Nuestro mundo**, editado por Comisura, revela la coherencia de Oliver al vivir su identidad en una época en la que ser lesbiana y convivir con otra mujer era poco menos que un anatema. También demuestra su capacidad de amar, comprometerse y adaptarse a la rutina de pareja, cualidades que se extienden a su obra.
La composición de los poemas de **Devociones** es tan libre como la propia Oliver. Andreu Jaume la califica como “poesía de la atención en un sentido radical”, por cuanto abre su percepción “a un sentido más alto y como sobrevenido de la naturaleza, apartando el discurso humano”. Tiene una ética que difumina la subjetividad para integrarla en el ecosistema de lo vivo, permitiendo apartar la vista de los propios abismos.
Leer a Mary Oliver es llenar los pulmones de aire limpio, respirar la naturaleza y olvidar las tempestades interiores para reconciliarse con el mundo y con la humanidad. Es recuperar el asombro de la infancia y hallar sentido en todo lo que nos rodea.













