
El criminólogo Antonio Sanz desmantela el populismo punitivo: "La izquierda teme el coste de decir que castigar más no mejora las cosas
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Antonio Sanz Fuentes, autor de *Diario de un criminólogo incomprendido*, desafía la noción de que la izquierda ignora la seguridad. Sanz aborda el tema, pero fuera del marco que propone la extrema derecha, que se basa exclusivamente en el aumento de las penas de prisión. En un contexto de auge reaccionario, Sanz defiende el “buenismo” en materia de justicia, recordando principios clásicos que, a veces, los partidos progresistas parecen olvidar.
¿Qué es el populismo punitivo?
El populismo punitivo es la creencia de que un mayor castigo conduce a una mejor prevención de la criminalidad. Esta es una falsa expectativa de control, ya que endurecer las normas o el Código Penal no altera ni previene el crimen de manera efectiva. En lugar de buscar un cambio real, busca mantener el *status quo*.
¿Nos centramos demasiado en el castigo en lugar de la reinserción?
El castigo no es intrínsecamente malo; es necesario para reconocer que una conducta es inaceptable y debe ser perseguida por la sociedad. Sin embargo, es populista abordar el castigo siempre desde la dureza. Deberíamos considerar la certeza, la rapidez, la no arbitrariedad y la proporcionalidad del castigo.
La prisión permanente revisable en España
En España, la izquierda gobierna desde hace ocho años y no ha derogado la prisión permanente revisable, que fue muy criticada cuando el PP la aprobó. El populismo punitivo rara vez se cuestiona frontalmente en los debates públicos sobre criminalidad o seguridad personal. Parece que la seguridad domina nuestras vidas, eclipsando otros problemas sociales que merecen más atención.
Algunas propuestas legislativas han sido menos populistas punitivas. Expertas como María Acale y Patricia Faraldo han propuesto, en relación con la ley de libertad sexual, centrarse en la prevención, la creación de centros de prevención de violencias sexuales, la educación y la obligación de crear acciones concretas para proteger la libertad sexual en las empresas. Sin embargo, la atención se centró únicamente en las penas, ignorando la complejidad de la ley.
La izquierda y el populismo punitivo
La izquierda también ha caído en el populismo punitivo y enfrenta un problema adicional: se muestra firme respecto a las violencias sexuales contra las mujeres, pero a menudo encubre casos de acoso sexual dentro de sus propias filas, algo similar a lo que ocurre con la corrupción.
Endurecimiento de las penas por robos
La reciente ley para endurecer las penas por robos, apoyada por PSOE, PP, Vox y Junts, es un ejemplo preocupante de populismo punitivo en España. Expertos en criminología, sociología y derecho penal han expresado opiniones críticas sobre este tipo de propuestas legislativas.
Estudios demuestran que estas reformas no tienen capacidad preventiva y pueden agravar los problemas existentes. Si las personas que cometen robos callejeros ya están en situación de exclusión social, su paso por prisión podría intensificarla.
¿Por qué los políticos ignoran a los expertos?
Es difícil mantener un debate ético sobre el populismo punitivo porque cuestionarlo se percibe como estar en contra de la seguridad. Decir públicamente que más castigo no es mejor tiene un coste social y electoral que ningún partido está dispuesto a asumir, incluso los de izquierda.
El papel de los medios de comunicación
Los medios de comunicación juegan un papel importante en la creación de este caldo de cultivo. Al tratar la criminalidad de manera rápida, poco reflexiva y sin contextualizar, fomentan la creencia de que la delincuencia es cometida por sujetos excepcionales e irrecuperables. Este relato impacta en la percepción de las personas, haciéndoles creer que los delincuentes toman decisiones racionales, cuando en realidad pueden estar influenciadas por contextos sociales complejos de exclusión, problemas de consumo o salud mental.
El auge del ‘malismo’
Vivimos en un caos ético donde el mal ya no se esconde ni se opone, sino que se celebra. Existe una tendencia a apreciar más al “malo”, mientras que ser bueno se considera ser un “pringado”. En política criminal, esto se traduce en ser tildado de “buenista”, lo que implica que la alternativa es una justicia “malista”.
Es crucial reivindicar el “buenismo” y no ceder ante los “malistas”. Cuando se señala una idea progresista como “buenista”, no debemos acobardarnos, sino afirmar que sí, que es una medida “buenista” y con orgullo. Ser buenos nos ha hecho más civilizados, y abandonar la violencia nos ha permitido resolver conflictos de manera pacífica, haciéndonos mejores.
La seguridad como estrategia de manipulación
La izquierda a menudo compra este discurso sobre seguridad para no perder votantes. El miedo es una estrategia de manipulación y una herramienta poderosa para controlar a la población. La idea de incrementar el castigo se vende como una solución infalible, generando la sensación de mayor seguridad en el votante. Sin embargo, un análisis más profundo revela que las mejores decisiones de la humanidad siempre han apuntado hacia un modelo “buenista”, que se aleja de la venganza y el abuso de poder.
La situación en Barcelona
En Barcelona, los datos oficiales desmienten los discursos alarmistas sobre seguridad, pero estos siguen calando en la percepción de los habitantes. Existe una narrativa extendida de que la delincuencia está desbordada y se asocia a la inmigración. Sin embargo, Barcelona es una ciudad normal, con una delincuencia común a cualquier otra gran ciudad.
El problema radica en la incapacidad de asimilar la inmigración. Se ha adoptado un modelo multicultural en el que el país de acogida tolera al inmigrante, pero esta sensación de superioridad no fomenta una verdadera convivencia. Es necesario valorar el desarraigo y el desconocimiento del migrante, apostando por una interculturalidad que promueva el diálogo y la mejora mutua.
Delincuencia y migración
Es preocupante que ciertos discursos, buscando fines políticos, señalen a las personas migrantes, recurriendo incluso a las mujeres y al colectivo LGTBI, cuando también son negacionistas de este tipo de violencias. Se difunden ideas falsas, como que la violencia de género no disminuirá debido a la llegada de migrantes menos civilizados, cuando estudios demuestran lo contrario.
Expertos que han dedicado su vida a estudiar la reinserción, las causas de la delincuencia y las limitaciones del derecho penal son silenciados y olvidados del debate público. La izquierda debe ser valiente y reivindicar el “buenismo” cuando se le critica por no hablar de seguridad o inmigración.
Si somos capaces de alejarnos de la idea individualista y asumir que la delincuencia es un problema colectivo, podremos adoptar decisiones más adecuadas. Si todo esto es “buenista”, entonces sí, soy “buenista”. Apostar por la criminología, la ciencia y el progreso implica ser “buenista”, y eso es lo que soy.
Abordar la inseguridad
La seguridad es un sentimiento complejo y amplio. Las preocupaciones comunes incluyen el acceso a la vivienda y la transformación de las ciudades, donde los lugares de confianza son reemplazados por establecimientos genéricos. A esto se suman problemas globales como guerras y crisis económicas. En este contexto, la inseguridad y la incertidumbre se han convertido en una forma de vida.
La seguridad personal se convierte en un chivo expiatorio, cuando el miedo puede estar vinculado a una sensación de inseguridad más amplia. El trabajo, como institución, es incapaz de resolver muchas necesidades básicas, ya que apenas cubre el alquiler y la compra en el supermercado.
La agenda de la seguridad
La priorización de la seguridad busca un confort rápido, abriendo la puerta a discursos populistas como la expulsión de migrantes o la encarcelación perpetua de delincuentes. En este contexto, los políticos encuentran la oportunidad de vender cambios legislativos o medidas simplistas, como la instalación de cámaras de vigilancia, que pretenden resolver problemas complejos, cuando la solución requiere procesos más costosos y difíciles de vender a largo plazo.
Una política social que apunta a largo plazo es poco atractiva, ya que el político no se podrá poner la medalla en el futuro. Este libro es una apuesta para que la gente reflexione y encuentre herramientas más allá de discursos simplistas. La criminalidad es un problema complejo que no se resolverá apuntando a una única causa.













