
El imperialismo crudo de Trump: ¿Símbolo de poder o síntoma de decadencia de EEUU?
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“La crisis consiste precisamente en que lo viejo está muriendo y lo nuevo no acaba de nacer; en este interregno aparecen una gran variedad de síntomas mórbidos”. Esta frase, escrita por Antonio Gramsci en 1930, resuena hoy con fuerza ante el panorama mundial.
EEUU, bajo la dirección de Donald Trump, se erige como el principal actor disruptor con un imperialismo desbocado. Sin embargo, esta agresiva política exterior no es un signo de fortaleza, sino de decadencia como potencia mundial.
Matt Duss, ex asesor de política exterior de Bernie Sanders, lo expresa así: “La élite estadounidense ha considerado durante mucho tiempo que gobernar el mundo es su derecho. Es un hábito muy difícil de romper. La idea de un mundo ordenado y gobernado por el poder militar estadounidense ha terminado”.
El retroceso de EEUU y el auge de potencias revisionistas
José Antonio Sanahuja, catedrático de Relaciones Internacionales, señala que Trump orienta a EEUU a actuar como una potencia revisionista que impugna el orden liberal que contribuyó a crear. A su vez, los países del Sur Global cuestionan sus reglas, aunque sin la capacidad de crear un orden alternativo.
Mariano Aguirre, autor de “Salto al vacío. Crisis y declive de Estados Unidos”, coincide en que acciones como la guerra de Irak en 2003, el relanzamiento de la Doctrina Monroe y la actual tensión con Irán son formas extremas de mostrar una fuerza que el país ya no posee.
Immanuel Wallerstein ya en 2004 argumentaba que la doctrina de Bush derivaba no de la fortaleza, sino de la debilidad estadounidense.
Según Wallerstein, desde Nixon hasta Clinton, los presidentes habían empleado el “puño de hierro con guante de terciopelo”. Tras el 11S, los “halcones” consideraron esta política un fracaso que aceleró el declive de EEUU, abogando por una acción imperial abierta y ambiciosa.
Irak 2003 e Irán: Paralelismos y lecciones
Los paralelismos con la situación actual son evidentes. Los “halcones” parecen haber ganado la batalla a los ultranacionalistas del “America First”.
Wallerstein sostenía que EEUU necesitaba la guerra de Irak no por la democracia o el petróleo, sino para demostrar su poder e intimidar a quienes aspiraran a tener armas atómicas y a Europa.
Mientras que en 2003 solo un grupo reducido de países europeos apoyó la invasión, la respuesta actual es diferente. Ursula von der Leyen parece querer arrastrar a Europa a la decadencia estadounidense, invalidando el orden internacional multilateral.
Wallerstein pronosticaba que esta situación caótica se mantendría durante décadas, sin que el gobierno estadounidense pudiera controlarla. Sanahuja concluye con una reflexión sobre la paradoja de EEUU destruyendo un orden hegemónico que lo situaba en una posición de primacía.













