Castillo de Santa Cruz: De Fortaleza Defensiva a Refugio de Emilia Pardo Bazán

Castillo de Santa Cruz: De Fortaleza Defensiva a Refugio de Emilia Pardo Bazán
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Castillo de Santa Cruz: De Fortaleza Defensiva a Refugio de Emilia Pardo Bazán

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Emplazado sobre un islote rocoso en la ría de A Coruña, el Castillo de Santa Cruz en Oleiros se erige como un símbolo histórico y natural. Esta imponente fortaleza, conectada a tierra firme por una pasarela peatonal de madera, ofrece vistas panorámicas de la ciudad y el puerto de Santa Cruz.

Un enclave estratégico con historia

Su estratégica ubicación permitió durante siglos la vigilancia de la entrada de la ría y la protección de la costa gallega. Declarado Bien de Interés Cultural, el castillo destaca por su valor patrimonial y su singular belleza paisajística.

La arquitectura medieval del castillo, con sus muros de piedra y torres de vigilancia, evoca un pasado bélico. La fortificación se inició a finales del siglo XVI, bajo el mandato del gobernador Diego das Mariñas, buscando reforzar las defensas de A Coruña tras el ataque de Francis Drake. La obra, proyectada por el ingeniero Pedro Rodríguez Muñiz, se completó alrededor de 1640, integrándose al sistema militar junto al Castillo de San Antón.

Defensa ante invasiones y transformación en residencia señorial

Durante el siglo XVII, el Castillo de Santa Cruz jugó un papel crucial en la defensa de la bahía, resistiendo ataques de armadas francesas y holandesas. Contaba con una batería de ocho cañones, entre ellos “El Barraco”, famoso por su alcance. Baluartes y pabellones albergaban hasta doscientos soldados. Con el tiempo, su importancia estratégica disminuyó, dando paso a una nueva etapa civil en el siglo XIX.

El destino de la fortaleza cambió radicalmente cuando el Estado la desamortizó y subastó públicamente. José Quiroga Pérez de Deza, esposo de Emilia Pardo Bazán, adquirió la propiedad, transformando el fortín militar en una residencia de verano romántica.

El legado de Emilia Pardo Bazán

El matrimonio Quiroga-Pardo Bazán remodeló el castillo, dándole un aspecto similar a un pazo, con torres almenadas y elementos decorativos. Se crearon una capilla, un palomar subterráneo y una huerta, convirtiendo el islote en un refugio estival para la familia.

Emilia Pardo Bazán pasó largas temporadas en el castillo, encontrando inspiración para sus obras. El ambiente marino y las vistas a la Torre de Hércules y A Coruña eran para ella beneficiosos para la salud y la creatividad.

El interior del castillo reflejaba el gusto de la época, destacando un artesonado de cartón piedra imitando azulejos árabes. La vida social en la isla era intensa, convirtiéndose en un centro de cultura y distinción.

De residencia familiar a centro de huérfanos y deterioro

Tras el fallecimiento de José Quiroga, la propiedad pasó a su hija, Blanca Quiroga, quien continuó vinculada al islote. En 1938, Blanca donó la fortaleza al Patronato de Huérfanos del Ejército, transformando el pazo familiar en una residencia de verano para hijos de militares fallecidos.

Para adaptar el edificio a este nuevo uso, se añadió una segunda planta al cuerpo central. Esta etapa militar-educativa se prolongó hasta 1978, momento en el que el castillo quedó desocupado y en riesgo de olvido.

Recuperación y nuevo destino

El final de la etapa como residencia de huérfanos estuvo marcado por el deterioro y expolio de bienes históricos. Para proteger lo que quedaba, varios cuadros originales fueron trasladados a la Casa Museo Emilia Pardo Bazán.

La recuperación del Castillo de Santa Cruz comenzó en 1980, cuando el Concello de Oleiros adquirió el inmueble. Tras años de gestiones, se definió un nuevo destino: transformarlo en un referente de la educación ambiental y la investigación científica. En la actualidad, el castillo alberga el CEIDA (Centro de Extensión Universitaria y Divulgación Ambiental de Galicia), promoviendo el intercambio científico y cultural para abordar problemas ambientales globales.