Solo los humanos tienen mentón y ahora una posible explicación promete cerrar el misterio que ha intrigado durante años

Solo los humanos tienen mentón y ahora una posible explicación promete cerrar el misterio que ha intrigado durante años

Evolución humana – La antropóloga Noreen von Cramon-Taubadel lidera un trabajo publicado en PLOS One donde se plantea que esa forma ósea no aportó ventaja propia y apareció mientras otras partes cambiaban

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La parte inferior del rostro humano presenta un rasgo que no aparece en ningún otro animal cercano. Esa pequeña prominencia situada bajo los dientes inferiores forma la barbilla, una característica que distingue a nuestra especie dentro del grupo de los simios.

La anatomía comparada muestra que chimpancés, gorilas o bonobos carecen de esa forma. Tampoco la tenían otros humanos antiguos.

A pesar de lo evidente que resulta en el rostro, su presencia nunca ha tenido una explicación clara ni un papel funcional comprobado.

Un trabajo universitario propone que ese relieve surge como efecto lateral evolutivo

Una investigación dirigida por la antropóloga Noreen von Cramon-Taubadel, de la University at Buffalo, y publicada en la revista científica PLOS One, plantea que la barbilla apareció como efecto indirecto de transformaciones evolutivas en el cráneo humano.

Según recoge New Scientist, el análisis indica que este rasgo no surgió porque ofreciera una ventaja propia, sino porque otras partes del rostro cambiaron a lo largo del tiempo. Von Cramon-Taubadel explicó que “la barbilla evolucionó en gran medida por accidente y no mediante selección directa”.

La autora añadió que su origen está ligado a cambios seleccionados en otras zonas del cráneo.


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Solo los humanos tienen mentón y ahora una posible explicación promete cerrar el misterio que ha intrigado durante años

El proceso se relaciona con varias transformaciones que se produjeron en los antepasados humanos. Con el paso del tiempo, la postura erguida alteró la base del cráneo. A la vez, el cerebro creció y la cara se replegó bajo la cavidad craneal en lugar de proyectarse hacia delante como ocurre en chimpancés.

Ese cambio coincidió con modificaciones en la alimentación que redujeron el tamaño de los dientes delanteros y la fuerza necesaria para masticar. Como consecuencia, la mandíbula inferior se volvió más ligera y corta, mientras la parte superior del rostro retrocedía.

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Para comprobar cómo se relacionaban estos cambios, el equipo analizó una gran colección de restos óseos. Los investigadores estudiaron 532 cráneos conservados en museos de Europa y Estados Unidos.

En el conjunto había ejemplares humanos y también de distintos simios modernos, entre ellos chimpancés, gorilas, orangutanes, bonobos y gibones. En cada pieza se midieron 46 distancias entre puntos anatómicos repartidos por la cabeza y la mandíbula. Además, se identificaron 32 puntos de referencia para comparar la forma de las estructuras óseas.

Los datos se integraron en un árbol evolutivo que describe la relación entre las especies.

Después se aplicaron modelos genéticos para calcular cómo pudieron cambiar esas formas a lo largo del tiempo. El análisis se centró en nueve características de la zona mandibular asociadas a la barbilla humana.


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Solo los humanos tienen mentón y ahora una posible explicación promete cerrar el misterio que ha intrigado durante años

El resultado mostró que solo tres de esos rasgos parecen haber estado influidos por selección directa. Los otros seis surgieron sin esa presión evolutiva o como consecuencia indirecta de modificaciones en otras partes del cráneo.

Antes de este trabajo, muchos especialistas habían propuesto explicaciones diferentes. Algunas teorías sugerían que la barbilla ayudaba a soportar las fuerzas de la masticación. Otras apuntaban a un papel en el habla o incluso a una preferencia estética en la elección de pareja. Sin embargo, ninguna hipótesis había reunido pruebas suficientes que demostraran una ventaja concreta asociada a esa prominencia del hueso mandibular.

Especialistas interpretan que varias piezas anatómicas cambian juntas dentro de un mismo sistema

El estudio propone una interpretación distinta. La barbilla sería un rasgo que aparece cuando otras estructuras cambian de forma coordinada. En arquitectura existe un fenómeno similar cuando se levantan arcos y quedan espacios triangulares que no se planearon como elemento independiente. En biología ocurre algo parecido cuando una parte del cuerpo surge al transformarse otra.

En este caso, la reorganización del cráneo humano dejó la mandíbula inferior ligeramente adelantada respecto a los dientes, creando la forma característica de la barbilla.

El biólogo James DiFrisco, del Francis Crick Institute en Londres, que no participó en el trabajo, explicó a New Scientist que “el hecho de que una característica parezca un elemento separado no significa que haya evolucionado como una unidad independiente”.

Esa idea encaja con la visión de que el cráneo y la mandíbula funcionan como un sistema integrado. Cuando una pieza cambia, otras pueden desplazarse con ella aunque no hayan sido el objetivo inicial de la selección evolutiva.