HUGO MUJICA: UNA VIDA DE SILENCIO, BÚSQUEDA Y POESÍA PREMIADA

HUGO MUJICA: UNA VIDA DE SILENCIO, BÚSQUEDA Y POESÍA PREMIADA
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HUGO MUJICA: UNA VIDA DE SILENCIO, BÚSQUEDA Y POESÍA PREMIADA

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Hugo Mujica, a sus ochenta y tres años, encarna una vida multifacética y rica en experiencias. Desde su infancia en una familia anarquista hasta su consagración como poeta galardonado con el premio Loewe por ‘Las hojas, la brisa, y la luz danza las sombras’, su trayectoria es un testimonio de búsqueda constante y transformación.

DEL HIPISMO AL SILENCIO MONÁSTICO

Mujica rememora su juventud, marcada por el trabajo desde niño y su aventura en Estados Unidos sin hablar inglés. Fue artista en el Greenwich Village, donde subsistió con diversos oficios, y un participante activo del movimiento hippie, llegando a experimentar con la psicodelia junto a Timothy Leary. Su inquietud espiritual lo llevó a la India, donde se acercó al hinduismo y se convirtió en discípulo del gurú Swami Satchidananda.

Tras la experiencia en Woodstock, que describe como una despedida del mundo hippie, Mujica buscó un sentido más profundo en el silencio de un monasterio trapense en Massachusetts.

Allí, después de hacer voto de silencio, descubrió la poesía. Recuerda el momento preciso: preparando té en la cocina del monasterio, sintió una necesidad imperiosa de escribir al ver el sol ponerse tras una ventana redonda.

EL LENGUAJE DEL SILENCIO Y LA EXPRESIÓN POÉTICA

El silencio, que cultivó durante siete años en el monasterio, se convirtió en un elemento central de su obra. Mujica concibe el poema como un palimpsesto de silencios, un espacio sagrado donde lo que no se puede tocar irradia algo que sí se tocó. El silencio, para él, es sinónimo de escucha.

Aunque posteriormente abandonó el sacerdocio, su fe se mantuvo firme y amplia.

Afirma creer en todo y priorizar a la gente sobre la institución. Su vida de viajero y buscavidas, guiada por el azar, lo llevó por caminos inesperados, como cuando obtuvo una visa para Estados Unidos gracias a una coincidencia de apellidos.

LUZ, CONTEMPLACIÓN Y DOLOR EN LA OBRA DE MUJICA

La luz es un tema recurrente en la obra de Mujica. Tras descubrir que Dios significa luz, se sumergió en su estudio, inspirándose en la filosofía de Zaratustra. Considera que somos luz y que la contemplación, a diferencia de la concentración, requiere distensión y apertura.

Mujica celebra la vida en su obra, aunque no esquiva el dolor.

Para él, el dolor es parte esencial de la celebración, como el parto para los griegos. La división entre opuestos, como día y noche, silencio y ruido, es el verdadero problema. La vida, en su totalidad, incluye el dolor, al igual que la luz necesita de la sombra para definirse.

LA POESÍA COMO SANGRE Y EXPERIENCIA VIVIDA

El poeta defiende la necesidad de escribir con “sangre”, es decir, con una experiencia vivida y auténtica. Cree que la poesía debe transmitir la creatividad del autor, pero una creatividad llena de vida.

Se inspira en la pintura de Morandi y en la música, especialmente la clásica, para crear su obra.

Para Mujica, la soledad del escritor reside en la incomunicación y la inseguridad absoluta que implica el acto de crear. Es una soledad gozosa y dolorosa a la vez, una soledad que también encuentra en la extranjería, en la posibilidad de inaugurar una nueva vida lejos de las expectativas.

ASOMBRO ANTE LA VIDA

Mujica concluye su reflexión invitando a la militancia en el asombro, a no dar nada por descontado. Como dice un poema que cita, “la muerte es obvia y vivir no”. Es necesario asombrarse de estar vivo.