
NO QUEREMOS NI CALLARNOS NI SENTIRNOS SOLAS
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Después del 8M y en pleno auge del MeToo sobre acoso y violencia digital, muchas voces alertan sobre cómo los insultos, amenazas y machismo se infiltran en las redes sociales y en las vidas de las mujeres, especialmente aquellas con presencia pública y feministas.
Normalización de la violencia digital
Se observa una normalización de esta violencia y acoso digital, presentándose como una consecuencia inevitable de la exposición pública y el posicionamiento político. Esta percepción es la primera victoria del machismo, al hacer pasar como “natural” algo intolerable.
Casos como los de Rita Maestre, Irene Montero e Ione Belarra son ejemplos recientes. Además, durante la marcha del 8M en Madrid, un grupo de ultraderecha generó disturbios.
Recientemente, periodistas y comunicadoras se reunieron en un acto para denunciar los ataques, insultos y amenazas que reciben por su trabajo, por opinar, hablar, aparecer, escribir e investigar. El encuentro fue reconfortante al sentirse escuchadas y confirmar la importancia del tema.
A menudo, se minimiza la importancia de estos relatos, ofreciendo como única solución “no mirar los comentarios” o “no entrar ahí”. Esto equivale a culpar a la víctima, como exigir que no se use minifalda o no se camine de noche por la calle, en lugar de abordar el problema de raíz.
Consecuencias y marcas de género
Esta situación busca amedrentar a las mujeres, castigándolas por hablar, ocupar espacio y ejercer el feminismo, con el objetivo de expulsarlas del espacio público. Si bien los hombres también reciben ataques en estos espacios, en el caso de las mujeres existe un “continuum” de violencias en sus vidas.
Desde la infancia, se inculca a las mujeres la discreción y la inseguridad. Comienzan a notar miradas, comentarios y vivir experiencias machistas, haciendo que el miedo sea parte de su vida desde temprana edad. La violencia que reciben las mujeres tiene una clara marca de género, con insultos y amenazas que hacen referencia a su cuerpo y deseabilidad.
Cada vez que cuesta encontrar mujeres que ocupen espacios, escriban columnas de opinión o participen en tertulias, se debe considerar que su decisión está influenciada por la sociedad patriarcal en la que vivimos y sus consecuencias. Cuidar, conciliar o escapar de la violencia no deberían ser asuntos individuales, sino responsabilidades sociales.
Una reflexión final
“No seré una mujer libre mientras siga habiendo otras sometidas” – Audre Lorde













