NUEVA ESTACIÓN DE TOLEDO: UN MONUMENTO NEOMUDÉJAR CON HISTORIA

NUEVA ESTACIÓN DE TOLEDO: UN MONUMENTO NEOMUDÉJAR CON HISTORIA
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NUEVA ESTACIÓN DE TOLEDO: UN MONUMENTO NEOMUDÉJAR CON HISTORIA

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Toledo sustituyó su pequeña estación de ferrocarril original por una construcción monumental: un espectacular edificio de estilo neomudéjar que ha sido reconocido como Bien de Interés Cultural (BIC). Esta terminal se inauguró en 1919 y recibió a celebridades científicas como Santiago Ramón y Cajal y Marie Curie, ambos galardonados con el Premio Nobel.

Los científicos fueron de los primeros viajeros en recorrer sus pasillos, ya que asistían a un congreso de medicina. Según la prensa de la época, aprovecharon para disfrutar de un día de ocio en Toledo entre sus sesiones de trabajo.

Este nuevo centro de movilidad reemplazó a la anterior estación, que era más pequeña y carecía de la misma importancia artística. El impresionante edificio neomudéjar continúa recibiendo a miles de pasajeros cada mes.

Ladrillo y un reloj en la fachada

Aunque Toledo contaba con tren desde 1858, la estación original era sencilla. Los responsables de la época, impulsados por el rey Alfonso XIII, proyectaron una construcción de grandes dimensiones, con un estilo característico y una cuidada decoración en cada rincón, incluso en sus exteriores.

Con este cambio, se buscaba construir una estación de tren a la altura de la ciudad, que empezaba a impulsar el turismo, había redescubierto al Greco, contaba con hoteles lujosos y recibía a jefes de estado, personalidades y monarcas debido a su cercanía con Madrid.

El arquitecto Narciso Clavería, conde de Manila y empleado de la Compañía de Ferrocarriles de Madrid, Zaragoza y Alicante (MZA), fue el encargado de llevar a cabo el proyecto, combinando funcionalidad y belleza.

El edificio costó más de un millón de pesetas y resultó en una monumental construcción de 12.600 metros cuadrados en puro estilo neomudéjar. Destaca el uso del ladrillo en su fachada, tratado con formas arquitectónicas típicas de la época musulmana, y los toques de color con los azulejos de su gran nave central.

De la estación, sobresale la torre de planta cuadrada en la parte izquierda, realizada en ladrillo de cinco cuerpos, adornada con arcos polilobulados. En ella, los viajeros encuentran un reloj visible desde sus cuatro caras. En la construcción también participaron artesanos reconocidos, como Julio Pascual, encargado de la verja de hierro del exterior.