
El Jardín Secreto de los Filósofos y los Dragones Urbanos
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En la búsqueda constante de sentido, la reflexión nos lleva a lugares inesperados. ¿Qué secretos aguardan bajo la sombra de un nogal, o en los peristilos de un templo griego? Los capiteles dóricos pueden evocar sueños geométricos, mientras que los jónicos invitan a visiones oníricas. El capitel corintio, en cambio, nos ancla a la tierra, a la materialidad de la hoja, recordándonos la importancia del presente.
La Naturaleza como Maestra y Musa
Walt Whitman, siglos después de Teofrasto e Hiparco, capturó la esencia de esta conexión con la naturaleza, equiparando una simple hoja de hierba al camino de las estrellas.
La sensibilidad hacia lo botánico, los ciclos naturales y los sentidos se agudiza bajo la influencia corintia. Se dice que fue precisamente un capitel corintio natural, en forma de manzana, lo que inspiró a Newton.
Pero, ¿qué ocurre con las uvas representadas en los capiteles románicos? La imagen de uvas de piedra rodando por el suelo evoca los juegos que se practicaban en las iglesias románicas. En la basílica de Santa María y San Donato, en Murano, un peculiar damero invita a imaginar cómo se divertían antaño, inclinándose sobre el suelo para mover las piezas, en un entorno adornado con teselas irregulares y fantásticos animales.
Arte, Amistad y la Búsqueda de la Verdad
Como si deambulaban por un templo griego, Satie y Brancusi, unidos por una profunda amistad, se llamaban el uno al otro Sócrates y Platón.
Sócrates, con su austeridad y búsqueda de la verdad, era un modelo para Satie. Detalles de la vida del músico y sus allegados son retratados en el libro ‘Las mil caras de Erik Satie’, una obra que explora su mundo a través de retratos y textos evocadores.
El libro culmina con una serie de fotografías tomadas por Brancusi en la habitación de Satie, un espacio al que el compositor mantuvo inaccesible durante 27 años. La casa, ubicada en Arcueil, a las afueras de París, se encontraba a una distancia considerable de los cabarets donde Satie tocaba el piano. Cada día, el músico recorría esos kilómetros a pie, cruzando el Sena probablemente por alguno de los puentes de la Cité, a la sombra de la catedral gótica que inspiró sus ‘Ojivas’.
Dragones Ocultos en el Tejido Urbano
En la película ‘Le pont du Nord’ de Jacques Rivette, el juego de la oca se extiende por toda la ciudad de París, transformándola en un inmenso tablero.
Los personajes descubren un tablero de la oca oculto en el plano de la ciudad, con la Rue du Dragon como un punto clave. El nombre de esta calle evoca la escultura de un dragón que adornaba un edificio en el siglo XVIII, una figura ahora resguardada en el Louvre.
Una fotografía de Atget revela un rincón del patio del Dragón, donde desembocaba la calle, mostrando una peculiar figura antropomorfa que recuerda a un gato de dibujos animados o al ogro de los jardines de Bomarzo. Dentro de esta figura, se distingue otra más pequeña, un hombre con bombín, evocando la imagen de Erik Satie, quien, a los cuarenta años, se matriculó en la Schola Cantorum con un atuendo similar.













