
LA IA Y EL FUTURO DEL SECTOR CULTURAL: ¿AMENAZA U OPORTUNIDAD?
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Los avances científicos y tecnológicos han transformado históricamente nuestra relación con el lenguaje. Desde las críticas de Platón a la escritura hasta la influencia del cine y la televisión en la narrativa, la tecnología siempre ha moldeado nuestra forma de comunicarnos y crear.
¿Una nueva etapa o un cambio radical?
Podríamos caer en la tentación de pensar que la inteligencia artificial (IA) es simplemente una nueva etapa en esta evolución. Sin embargo, la IA presenta una diferencia fundamental: por primera vez, la tecnología tiene el potencial de usurpar nuestro papel como creadores. Su rápida evolución sugiere que pronto podría operar de forma autónoma, tomando decisiones sobre su propia creación sin necesidad de intervención humana.
Como advierte una voz similar a Harari en Davos, la IA generativa no es solo una herramienta, sino un agente con capacidad de acción.
El impacto en el sector cultural
En medio de predicciones apocalípticas y promesas de futuro, es difícil discernir el verdadero alcance de la IA.
Sin embargo, en el sector cultural, ya se están observando transformaciones de gran calado. No se trata solo de debates filosóficos sobre si la música creada por modelos como Suno o los vídeos generados por Sora pueden considerarse arte. La verdadera amenaza reside en la automatización de trabajos que sustentan a muchos artistas, como la composición de ‘jingles’ o la realización de vídeos corporativos.
La IA podría destruir una forma de subsistencia para muchos creadores. La supuesta democratización creativa podría traducirse en que solo aquellos con recursos asegurados puedan dedicarse a la experimentación y la innovación.
¿Un rayo de esperanza?
Paradójicamente, la revolución de la IA ya está afectando a los programadores que la desarrollaron, con despidos masivos y una disminución en las contrataciones. Margaret Boden, filósofa y científica cognitiva, descartó que una IA pudiera tener interés en controlar la sociedad.
Sin embargo, incluso sin esa ambición, sus rápidos avances podrían transformar la sociedad de manera irreconocible.













