Instrucciones para afrontar el fin del mundo

Instrucciones para afrontar el fin del mundo
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Instrucciones para afrontar el fin del mundo

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Aceptar que el fin del mundo nunca llega a tiempo es fundamental. Siempre se retrasa o llega antes de lo esperado, sorprendiéndonos desprevenidos. Por lo tanto, no esperemos sentados; mejor ocupémonos en actividades cotidianas como preparar café o resolver un crucigrama.

El apocalipsis como malentendido

Cada generación cree vivir el último capítulo, pero la historia se asemeja más a un concierto con múltiples bises. Sospechemos que el apocalipsis es un simple malentendido, como escuchar nuestro nombre en una conversación ajena. La clave es no mostrar confusión.

Madrugar con moderación

Para sobrevivir al fin del mundo, es recomendable levantarse temprano, pero no demasiado. Evitemos las seis de la mañana, reservadas para madrugadores e insomnes. Una hora prudente sería cuando el cielo empieza a clarear, con reminiscencias de la noche y nubes difusas.

La importancia de mirar al cielo

Abrir una ventana y mirar al cielo introduce una saludable duda ante la catástrofe. Su indiferencia puede ser útil para mantener la calma y sobrevivir.

La compañía como escudo

La soledad y el aislamiento son el caldo de cultivo del fin del mundo. Dos personas conversando dificultan la maquinaria del caos, y tres personas cenando representan una conspiración contra el apocalipsis. La risa, que interrumpe la narrativa dramática del fin del mundo, es un arma poderosa.

Atención a los detalles insignificantes

El Armagedón, un gigante torpe en demoliciones y explosiones, ignora los detalles minúsculos. Guardemos en el bolsillo objetos insignificantes como botones sueltos, monedas antiguas o recibos olvidados. Estos objetos actúan como anclas, manteniendo la coherencia del universo mientras los acariciamos. Es física poética: el todo no puede deshacerse si una parte se resiste a morir.

Ignorar a la muerte

Hagámonos los distraídos con la muerte. Si llama a la puerta, pidámosle que vuelva otro día, alegando estar ocupados en asuntos triviales. La falta de respeto por la solemnidad es la mejor defensa.

El poder del reflejo y del amor

Cuando el estruendo se vuelva insoportable, busquemos un espejo o los ojos de otra persona. No para despedirnos, sino para reconocernos en la mirada del otro. El último paso es aferrarse al amor.

Si el cataclismo nos sorprende mirando a la persona amada, el cataclismo pierde argumentos y se convierte en un mero espectador. El amor implica decidir que el otro es más real que el apocalipsis. Si un beso dura más que el flash termonuclear, habremos ganado. Sobrevivir es lograr que un instante dure para siempre.