
El Marco Ideológico Detrás de las Guerras: Irán y Gaza en el Centro del Debate
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Acostumbrados a analizar conflictos bélicos en términos geopolíticos, a menudo pasamos por alto el marco ideológico que los sustenta y justifica. La guerra no es solo un instrumento, sino una ideología que organiza percepciones, afectos y legitimidades. La justificación de “los medios” por “el fin” (seguridad, dominio, control) presenta la violencia como un mero trámite técnico. Sin embargo, los medios no son neutrales; moldean la comunidad, el lenguaje moral y las fronteras entre lo humano y lo desechable.
La Actualidad del Pensamiento Kantiano
El pensamiento de Kant es sorprendentemente relevante frente a las guerras contemporáneas justificadas por la “seguridad”, como las de Irán y Gaza. Argumentar que “los medios sí importan” es una tesis explicativa, no solo un gesto moralista. Los medios influyen causalmente en la formación y difusión de creencias que legitiman la violencia y la destrucción. Son el taller donde se fabrica la legitimidad. Naturalizar medios violentos para fines “superiores” conduce a una ideología donde la violencia se convierte en criterio de pertenencia, pureza o destino colectivo.
La Inversión Moral y la Deshumanización
En la ideología de guerras como la de Irán, no solo se excusan o ignoran los daños, sino que se reordena el mapa ético. Esta “inversión moral”, impulsada por figuras como Trump y Netanyahu, convierte en deber lo que antes era una frontera infranqueable: no matar (o no expulsar, como en Gaza). La violencia se presenta como coherencia, mérito e incluso orgullo. Esta inversión estrecha el círculo de quienes “merecen” protección, dejando a otros fuera del perímetro ético.
Se consolida una moral desigual: humanidad completa para unos, humanidad condicional o anulada para otros. Esta moral alternativa se acompaña de un giro en el régimen de verdad, donde “lo verdadero” es solo lo que sirve a la causa, y lo que la contradice se denuncia como propaganda enemiga.
Elasticidad Moral y la Justificación de la Violencia
Netanyahu y Trump practican la “elasticidad moral”, revalorizando principios éticos para adaptar su marco normativo a las circunstancias de la guerra. Esto implica desplazar límites que antes señalaban lo inaceptable, permitiendo que actos condenados sean vistos como tolerables o necesarios para fines superiores. Este mecanismo facilita la continuidad de la guerra al disminuir el costo moral percibido de las acciones violentas.
El Pensamiento de Suma Cero y la “Amenaza Existencial”
El pensamiento de suma cero y la creencia en una “amenaza existencial” implican que ganar es sobrevivir y perder es desaparecer. Esto convierte las concesiones, las negociaciones y el pluralismo en un peligro. La percepción de amenaza, sea imaginada o exagerada, justifica conductas hostiles y puede convertir la guerra en una ideología operativa. Al articular al “otro” como enemigo irredimible, se legitima la acción violenta como medio de “defensa”, transformando la violencia en una virtud táctica dentro de una narrativa que busca cohesionar a la propia comunidad y deshumanizar al adversario.
La Sacralización de la Política y la Narrativa del Miedo
La política se “sacraliza” y se convierte en un relato indiscutible de excepcionalidad o salvación, fabricando enemigos, normalizando la deshumanización y presentando la agresión como un deber moral. Esta lógica se refuerza con la elasticidad moral, el miedo fabricado artificialmente y mecanismos como la obediencia y la conformidad.
La instrumentalización de la amenaza no es solo una táctica comunicativa para movilizar apoyo, sino un dispositivo de producción de sentido. Al fabricar enemigos y explotar sesgos cognitivos, se instala un estado emocional de “alerta” que vuelve “razonables” medidas extraordinarias y reduce el horizonte político a respuestas de fuerza y guerra. La militarización actual debe entenderse como una ideología que naturaliza el miedo, define al “otro” como peligro permanente y presenta lo militar como solución inevitable.
La moralización del conflicto bélico desplaza el debate del terreno político al terreno de la guerra moral, donde ceder equivale a claudicar y negociar se interpreta como complicidad. En ese marco, el adversario deja de ser un rival y pasa a ser un enemigo moral al que se debe derrotar o eliminar.
El Miedo como Estrategia de Manipulación
La narrativa del miedo es una estrategia recurrente de manipulación social que presenta una amenaza como inminente, inevitable y devastadora. Quien controla este relato influye en decisiones, conductas y creencias. Esta lógica “vende” inseguridad y puede movilizar, paralizar o fracturar a la sociedad. El miedo se vuelve hiperreal, moldeando la opinión pública y permitiendo la aceptación de políticas militaristas.
El Imperialismo y la Subordinación entre Sociedades
El imperialismo y el neocolonialismo operan a través de violencias colectivas, imponiendo relaciones de subordinación entre sociedades bajo una ideología de dominación. En su vertiente militar, se expresan en guerras, intervenciones militares, bases militares, venta de armas y “guerras preventivas” que disciplinan territorios y poblaciones. Estas formas de poder no solo producen daño material, sino que organizan el consenso y la coerción para sostener un orden global desigual.
La Importancia de la Diplomacia
Frente a este panorama, es crucial la defensa de posiciones de no intervención militar mientras existan vías diplomáticas reales. Apostar por la negociación, la mediación internacional y el derecho internacional no es ingenuidad, sino una forma de responsabilidad política que busca evitar la escalada de violencia y sus consecuencias humanas irreparables. Priorizar la diplomacia implica recordar que la paz duradera rara vez se impone por la fuerza, y que la contención, el diálogo y la cooperación siguen siendo herramientas fundamentales para resolver conflictos sin multiplicar el sufrimiento.













