
La conexión entre la munición de guerra y el herbicida glifosato: Un decreto de Trump genera controversia
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Un decreto firmado por el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, para proteger la agricultura ha generado controversia al vincularse con la industria bélica. Bajo el concepto de “seguridad nacional”, el decreto aborda la escasez de producción de fósforo, un elemento clave tanto para la fabricación de municiones como para la producción del herbicida glifosato, el más vendido a nivel mundial.
El fósforo blanco y el glifosato: una relación inesperada
La orden ejecutiva une el destino de la munición de fósforo blanco con un herbicida cuyos impactos ambientales han sido ampliamente documentados. En 2015, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) clasificó al glifosato como “posible cancerígeno para los humanos”, una clasificación que ha sido objeto de debate por parte de otras agencias.
El fósforo blanco, una forma elemental de fósforo, es utilizado en la fabricación de fertilizantes, detergentes y pesticidas. Además, tiene aplicaciones militares en granadas y municiones de artillería, donde se utiliza para iluminar, generar cortinas de humo o como material incendiario. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que esta sustancia arde instantáneamente al contacto con el oxígeno y puede causar quemaduras profundas y graves.
Javier Raboso, responsable de la campaña de Democracia y Cultura de Paz de Greenpeace, criticó la medida, señalando que “atenta contra la vida en todas sus formas” al impulsar una sustancia preocupante por su potencial cancerígeno y otra utilizada para dañar a las personas.
Un salvavidas para Bayer
El decreto ha sido interpretado como un apoyo a la empresa alemana Bayer, el único fabricante de fósforo blanco en Estados Unidos y, al mismo tiempo, el productor del herbicida a base de glifosato llamado Roundup. Bayer adquirió este producto al comprar Monsanto en 2018 por 63.000 millones de dólares, y desde entonces ha enfrentado pérdidas significativas debido a disputas legales relacionadas con los efectos del glifosato en la salud.
Batallas legales y retrocesos en la lucha contra el glifosato
Blanca Ruibal, coordinadora de Amigas de la Tierra, considera que la orden ejecutiva “supone un enorme retroceso en la lucha por prohibir este polémico herbicida”. Además, critica que “apuntala un sistema de producción de alimentos tóxico para las personas y el planeta que solo beneficia a un puñado de empresas” y representa “una salvaguarda para Bayer”.
La empresa alemana enfrenta numerosas demandas por no advertir sobre los posibles efectos perjudiciales del glifosato. Desde la adquisición de Monsanto, la capitalización de Bayer ha disminuido drásticamente, y la empresa ha perdido miles de millones de dólares debido a las disputas legales.
Actualmente, Bayer busca que el Tribunal Supremo de Estados Unidos falle a su favor para obtener una sentencia que le sirva de barrera contra las demandas multimillonarias por su herbicida. La administración Trump intervino oficialmente ante el Supremo en diciembre de 2025 para pedir que se aceptara a trámite la apelación de Bayer en uno de los casos de reclamación por su herbicida.
El impacto ambiental del glifosato y la aparición de “superhierbas”
La controversia en torno al glifosato se ha centrado en sus posibles daños a la salud humana, pero los científicos también han certificado los impactos negativos del producto en el medio ambiente. El compuesto puede perjudicar la calidad del suelo al reducir los microorganismos beneficiosos, contaminar las aguas y favorecer la evolución de especies de hierbas resistentes al herbicida, conocidas como “superhierbas”.
El uso intensivo de pesticidas en general deja concentraciones inesperadamente altas en los suelos donde se aplican, superando los niveles previstos para su autorización.
Ruibal advierte que, en Europa, la Comisión está desmantelando leyes fundamentales sobre los productos fitosanitarios, como el glifosato, y reclama que la Unión Europea prohíba definitivamente este producto y apueste por una producción de alimentos sostenible y saludable.
Javier Raboso concluye que la política impulsada por Estados Unidos genera una manera diferente de mirar las cosas y tiene eco en las políticas europeas, donde las presiones de las empresas para que las regulaciones les favorezcan se reproducen.













