
Nerviosismo y acusaciones cruzadas marcan el final de campaña en Castilla y León
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El Partido Popular (PP) enfrenta sus terceras elecciones autonómicas consecutivas en Castilla y León con la posibilidad de ganar, pero con una escasa ventaja sobre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y una dependencia total de Vox para poder gobernar. La gobernabilidad de Extremadura y Aragón, aún sin resolverse, ha exacerbado el enfrentamiento entre los líderes de las derechas, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, tensando el ambiente al final de la campaña. Mientras tanto, el PSOE ha desplegado toda su artillería, con figuras como Pedro Sánchez, Óscar Puente y José Luis Rodríguez Zapatero, aspirando incluso a un empate técnico.
Feijóo arremete contra Vox
“No deis nada por ganado”, advirtió Feijóo en un mitin en El Bierzo, León, instando a la movilización y alertando sobre la ajustada disputa por los últimos escaños en las nueve provincias de Castilla y León. El líder del PP ha intensificado sus críticas hacia Vox, su posible aliado, llegando a un nivel de agresividad notable desde la campaña extremeña de diciembre.
Abascal ha culpado a Feijóo de torpedear los acuerdos en Extremadura y Aragón, insinuando falta de control sobre su propio partido. “Mi duda es si Feijóo es el líder del PP”, declaró, añadiendo que “España le viene grande”.
Feijóo respondió directamente: “A mí me daría vergüenza votar con el PSOE y Podemos en Extremadura”. Rechazó lecciones de patriotismo de Abascal, ridiculizando sus “golpes en el pecho” por España.
En el cierre de campaña en Valladolid, Feijóo insistió en sus ataques a Vox: “El que se presenta para bloquear y estafar al ciudadano, merece un castigo de la gente”, sentenciando: “Espero que les vaya mal. Castilla y León merece respeto, no ser víctima de juegos e irresponsabilidad de nadie”.
Feijóo también cuestionó el apoyo de Vox al campo, recordando su gestión en la Consejería de Agricultura y acusándolos de “aparentar y no hacer”.
El PP teme un resultado incierto
El PP se enfrenta a un escenario similar al de Aragón, donde, a pesar de ganar las elecciones, no pudo evitar la pérdida de diputados. En ambas comunidades, Vox se ha consolidado como un actor imprescindible para la gobernabilidad de las derechas. La estrategia de Abascal ha sido condicionar cualquier negociación a su interés electoral, utilizando el bloqueo a los gobiernos autonómicos como muestra de pureza ideológica.
Sin embargo, Vox ha suavizado su postura, anticipando un posible pacto para contrarrestar las acusaciones de bloqueo del PP, que ha apelado al voto útil.
El temor a un resultado poco claro domina la estrategia del PP, tanto por la presión de Vox como por las aspiraciones del PSOE de rozar el empate. Desde la dirección nacional del PP se ha descalificado los sondeos que muestran buenos resultados, instando a aclarar si apoyarían a Mañueco en caso de no ganar.
El PSOE aspira a la victoria
En el PSOE, las elecciones se afrontan con optimismo. Los últimos sondeos internos sugieren un posible empate técnico, incluso la posibilidad de que el PSOE sea la fuerza más votada.
“Sé que no es fácil, pero ganemos el domingo y que luego se peleen entre ellos”, afirmó Óscar Puente en referencia al PP y Vox.
La campaña ha estado marcada por la coyuntura política derivada de la guerra de Irán. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha centrado su mensaje en el “no a la guerra”, reivindicando la posición de España en defensa de la paz. Sánchez criticó al PP y a Vox por no apoyar la política exterior de España y alinearse con el presidente de Estados Unidos.
En el PSOE existe la esperanza de que estas elecciones se conviertan en un nuevo problema para el PP, incapaz de resolver la situación en Extremadura y Aragón. Los socialistas buscan resarcirse de los resultados negativos en estas comunidades, aspirando a una victoria en Castilla y León.













