Rabia y frustración en el Golfo Pérsico: ¿Una guerra ajena?

Rabia y frustración en el Golfo Pérsico: ¿Una guerra ajena?
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Rabia y frustración en el Golfo Pérsico: ¿Una guerra ajena?

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Un inquietante silencio reina en el puerto industrial de Ras Al Jaimah, en Emiratos Árabes Unidos (EAU). Lo que normalmente es un bullicioso centro marítimo, ahora muestra barcos atracados y una inactividad palpable. En la lejanía, cientos de petroleros aguardan en una peligrosa vía marítima.

Cualquier embarcación que se aventure más allá de Ras Al Jaimah hacia el Mar Arábigo debe cruzar el estrecho de Ormuz, considerado actualmente como la franja marítima más peligrosa del mundo.

A escasas 20 millas náuticas de la costa emiratí, dos petroleros fueron blanco de ataques con misiles iraníes, resultando uno de ellos incendiado. Además, Fuyairah, el principal puerto petrolero de EAU en la costa oriental, fue atacado con drones, generando una densa columna de humo negro sobre la terminal.

Estos son solo algunos de los efectos que enfrentan los países del Golfo Pérsico, inmersos en una guerra que no buscaron y que intentaron evitar a través de la diplomacia.

El desaire de Trump a sus aliados del Golfo

Durante décadas, Bahréin, Kuwait, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Omán han permitido la presencia de bases militares e infraestructura estadounidense en su territorio, además de ser grandes compradores de armas y tecnología de EEUU. A cambio, Estados Unidos se ha consolidado como el socio militar y protector más importante de estas monarquías petroleras.

Sin embargo, analistas señalan una creciente preocupación en los Estados del Golfo tras la decisión de Donald Trump de frustrar las negociaciones diplomáticas con Irán e iniciar una guerra en Oriente Medio.

“La amenaza que Irán representaba para el Golfo solo se materializó cuando Estados Unidos declaró la guerra; Irán no disparó primero”, afirma Jaled Almezaini, profesor asociado de Política y Relaciones Internacionales en la Universidad Zayed de Abu Dabi. “Existe una fuerte condena hacia los iraníes, pero, al mismo tiempo, el mensaje para los estadounidenses e israelíes es claro: tenemos que encontrar una solución. Esta no es nuestra guerra”.

En las semanas previas a la ofensiva, los líderes árabes del Golfo intentaron negociar y advirtieron al presidente estadounidense sobre las graves consecuencias de un ataque a Irán para la seguridad regional. No obstante, se cree que Trump optó por llevar a cabo los ataques sin consultar ni advertir a sus aliados.

Si bien esos países esperaban sufrir las consecuencias, la magnitud de la campaña de represalia de Irán ha sorprendido a muchos. A pesar de que los gobiernos árabes habían asegurado a Teherán que ninguna de sus bases se utilizaría para ataques contra el país persa, Irán ha lanzado miles de drones y misiles contra aeropuertos, bases militares, refinerías de petróleo, puertos, hoteles y edificios de oficinas.

El tráfico aéreo en la región se ha visto muy restringido, generando pérdidas millonarias para las aerolíneas, especialmente en Dubái, un centro neurálgico de la aviación internacional. Bahréin enfrenta una crisis económica, mientras que la reputación de EAU como destino turístico y de inversión occidental se ha visto afectada.

Aunque los países están logrando repeler la mayoría de los misiles y drones iraníes, los sistemas de defensa aérea están costando a gobiernos como el emiratí más de 2.000 millones de dólares.

El bloqueo iraní del estrecho de Ormuz ha provocado una drástica reducción de las exportaciones de petróleo y gas, pilares de las economías de las monarquías árabes. Los expertos estiman que están perdiendo entre 700 millones y 1.200 millones de dólares diarios en exportaciones de petróleo.

“Emiratos Árabes Unidos y el Consejo de Cooperación del Golfo intentaron impedir que EEUU declarara la guerra porque conocían las consecuencias”, afirma Almezaini, recordando las amenazas previas del ministro de Asuntos Exteriores iraní sobre el posible cierre del estrecho. “Ahora se está cumpliendo exactamente ese escenario”, añade.

Una alianza desfavorable

Allison Minor, directora del proyecto sobre integración en Oriente Medio del centro de análisis Atlantic Council, considera que la asimetría de la alianza militar de los países del Golfo con EEUU nunca ha sido tan evidente. Recuerda que, cuando Israel llevó a cabo ataques aéreos contra Qatar, donde se encuentra la mayor base militar estadounidense de la región, Washington no respondió con ninguna acción sustancial.

“La cuestión fundamental tiene que ver con consultar”, apunta Minor. “¿Están los Estados del Golfo logrando realmente el tipo de alianza y apoyo en materia de seguridad que sienten que necesitan si Estados Unidos va a intervenir militarmente en la región?”, se pregunta.

El ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr bin Hamad al Busaidi, quien fue mediador en las conversaciones indirectas entre Irán y EEUU antes de la operación ‘Furia Épica’ de Trump, declaró que los ataques militares contra Irán por parte de Estados Unidos e Israel son ilegales y que, mientras continúen las hostilidades, los Estados que iniciaron esta guerra estarán violando el derecho internacional.

Al Busaidi afirmó que la decisión de Washington de atacar Irán mientras las negociaciones pacíficas sobre el programa nuclear iraní avanzaban demostraba que el conflicto era únicamente un intento de reordenar Oriente Medio a favor de Israel.

Analistas destacan que muchos países de la zona se encuentran en una posición conflictiva, intentando reducir la tensión bélica al tiempo que presionan a EEUU para que complete la intervención en Irán y evite una República Islámica debilitada e inestable en sus fronteras.

“Esta es la peor pesadilla del Golfo”, afirma Sanam Vakil, directora del programa de Oriente Medio y Norte de África de Chatham House. “Existe una profunda ira y frustración hacia Estados Unidos porque esta no es la guerra [de los países del Golfo] y, sin embargo, son los que sufren las consecuencias”.

Vakil señala que los gobiernos árabes de la región llevaban tiempo buscando una alianza de seguridad con Estados Unidos similar a la que tiene con Israel, pero ahora se han dado cuenta de que “quizás nunca se concrete”. A pesar de reconocer la necesidad de diversificar sus socios en materia de seguridad, los países del Golfo actualmente no tienen una alternativa a EEUU como protector.

“Los países del Golfo no van a actuar con rapidez, ni pueden hacerlo, para encontrar alternativas a Estados Unidos. Pero tampoco van a redoblar su apuesta por un socio poco fiable”, afirma. “Probablemente, avanzarán en la búsqueda de la autonomía estratégica, que ya se vislumbraba en el horizonte, quizás a un ritmo más acelerado”.

Los efectos económicos también se han extendido a la vida cotidiana. Sumon, de 27 años, empleado de una empresa de alquiler de barcos y motos acuáticas en el puerto deportivo junto a Ras Al Jaimah, comenta que el negocio se ha visto afectado porque la guardia costera no permite que ninguno de sus barcos salga a navegar.

“Durante muchos días, nuestros barcos y motos acuáticas no han podido salir debido a todos estos problemas y a los enfrentamientos con Irán en el mar”, explica. “Son muy malas noticias, no tenemos clientes y mi jefe no puede pagarme el sueldo”. Sumon señala el puerto al otro lado del deportivo: “Ya no hay barcos en movimiento. Nadie sabe cuándo terminará”.