
El porno no va a matar al patriarcado, pero tiene potencial para hacerlo, según Paulita Pappel
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Paulita Pappel, productora y emprendedora de porno feminista, presenta una perspectiva diferente sobre la pornografía en su libro ‘Sin sexo no hay feminismo. Un manifiesto proporno’ (Bellaterra ediciones). Pappel, que conoce la industria desde dentro, propone ver el porno no como una herramienta de explotación, sino de emancipación.
¿Pro sexo o pro porno?
Pappel defiende su postura “pro porno” argumentando que no se puede construir una sociedad “pro sexo” sin una visión positiva hacia la pornografía. Señala que algunas posturas “pro sexo” omiten o tienen una visión negativa del trabajo sexual y la pornografía, lo cual impacta negativamente en la relación con nuestros propios cuerpos y la sexualidad. No se trata de obligar a nadie a ver o hacer porno, sino de informar a la gente para que puedan decidir libremente sin miedo, culpa o vergüenza.
El porno ‘mainstream’ y las fantasías
En cuanto al porno *mainstream*, Pappel lo considera un producto de entretenimiento que muestra fantasías complejas, relacionadas con miedos y tabúes sociales. El problema, según ella, no es el porno en sí, sino cómo lo analizamos. Critica la simplificación al juzgar una escena sin contexto, impidiendo discernir si es sexista o no. Pappel aboga por una mirada más diferenciada, entendiendo que el porno *mainstream* es así por su posición en la sociedad. Si hubiera mayor diversidad en plataformas como la televisión pública o Netflix, el panorama sería diferente.
Reapropiación y empoderamiento
Ante la frecuente crítica de que el consumo de pornografía violenta refleja representaciones y realidades asumidas, Pappel responde que reapropiarse del discurso y resignificar esas imágenes a través de la pornografía es una forma sana y saludable de lidiar con la violencia del patriarcado. Considera empoderador lidiar con miedos e incluso sexualizarlos, encontrando en las fantasías sexuales un lugar para disfrutar y liberarse.
Pappel subraya que una actitud positiva hacia la pornografía permite hablar de sexualidad y fantasías sin culpa ni miedo, ofreciendo un espacio para la exploración personal y el diálogo.
El porno como parte de la solución
La productora defiende que el porno es parte de la solución a la falta de comunicación y la carga moral en torno a la sexualidad. Aunque reconoce que no lo solucionará todo ni acabará con el patriarcado, cree que tiene un enorme potencial desaprovechado.
El porno no es el chivo expiatorio
Pappel pide dejar de tratar al porno como el chivo expiatorio de la violencia sexual. Argumenta que la incapacidad para hablar abiertamente de sexualidad y salud sexual lleva a desviar la conversación hacia el porno, el trabajo sexual y las trabajadoras sexuales. Critica el pánico moral sobre Internet y los móviles, que enfoca el problema en el porno en lugar de abordar la competencia mediática y el desarrollo de la identidad en general. La censura, según ella, nunca ha sido la solución.
Pappel señala que no hay estudios que demuestren que los hombres que consumen porno se vuelven más violentos, mientras que sí existen estudios que muestran que las mujeres que consumen porno suelen tener una vida sexual más satisfactoria. Considera que culpar al porno es un truco del patriarcado para exculpar a los hombres que perpetúan la violencia.
Medidas contra la exposición de menores: Piratería vs. Control
En cuanto a las medidas para evitar la exposición de menores al porno, Pappel cree que el mayor impacto sería controlar la piratería, ya que los menores no pagan por suscripciones a páginas legales. Considera que las medidas de control que se están imponiendo benefician a la piratería, ya que llevan a la gente a plataformas sin ningún tipo de control, incluso con contenidos ilegales. Afirma que estas medidas están “jodiendo la industria sin proteger a nadie”.
El estado de la industria
Pappel enfatiza la importancia de separar la pornografía de los crímenes, señalando que la pornografía es contenido audiovisual grabado con estándares que incluyen controles de identidad y contratos. Aclara que la pornografía infantil no es pornografía, sino abusos sexuales grabados. Dentro de la industria, reconoce que hay mejores y peores actores y prácticas, pero destaca que cada vez hay más poder en manos de la gente que está delante de las cámaras, que decide qué contenido grabar, a cuánto venderlo y cómo hacer su marketing.
El consentimiento y la autonomía
Pappel defiende que el porno tiene mucho que enseñar sobre el consentimiento, tanto desde el producto pornográfico como desde la industria. Destaca la claridad y precisión con la que los *performers* hablan de sus preferencias en su set. Rechaza la idea de que las mujeres no pueden tener autonomía dentro del porno, considerándola sexista. Afirma que la industria está llena de mujeres poderosas y capaces.
Estigma y discriminación
Como productora y emprendedora, Pappel ha enfrentado estigma y discriminación, desde la negativa de empresas y servicios a trabajar con la industria hasta el cierre de cuentas bancarias sin previo aviso. También ha encontrado rechazo dentro de la industria y a nivel personal, donde muchas personas no saldrían con alguien que trabaje en esto.













