¿Están vivos los ríos? Un diálogo con Robert Macfarlane

¿Están vivos los ríos? Un diálogo con Robert Macfarlane
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¿Están vivos los ríos? Un diálogo con Robert Macfarlane

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El escritor británico Robert Macfarlane explora en su nuevo ensayo, “¿Están vivos los ríos?”, la intrincada relación entre los ecosistemas fluviales y las culturas que florecen a sus orillas. Macfarlane indaga en cómo nuestro destino ha estado y estará siempre ligado a estos cuerpos de agua.

“¿Cuál es el río que ha influido en tu vida?”, pregunta Macfarlane, invitando a la reflexión sobre la conexión personal que cada uno tiene con estos elementos naturales, a menudo subestimados en su importancia.

Ríos: más que recursos, entidades vivas

En su libro, Macfarlane argumenta que, históricamente, las sociedades humanas han percibido los ríos como fuerzas vivas, casi sagradas. Sin embargo, la modernidad industrial transformó esta visión, relegando los ríos a la categoría de meros recursos, canales, fuentes de energía o infraestructuras.

Considerado una de las voces más influyentes en la literatura contemporánea sobre naturaleza, Macfarlane combina ensayo, crónica de viajes y retrato humano para explorar la idea de reconocer a los ríos como entidades vivas, incluso como sujetos con derechos.

Conocido por obras como “Las montañas de la mente” o “Bajo tierra”, Macfarlane ha construido una trayectoria singular en el “nature writing”, un territorio literario donde convergen la observación del paisaje, la reflexión cultural y la experiencia personal. En este nuevo libro, el agua se convierte en el hilo conductor de viajes y encuentros con científicos, activistas, juristas y comunidades indígenas que abogan por una relación diferente con los ríos.

El “nature writing” y la conexión con la naturaleza

Macfarlane se define simplemente como un escritor, argumentando que la naturaleza debería estar siempre presente en la literatura. Su escritura, dice, vive en un lugar donde convergen literatura, antropología, historia, ecología y política.

El autor reconoce que, educado en el racionalismo, le costaba imaginar que un río estuviera vivo. “Fue duro”, admite, explicando la complejidad de responder a la pregunta del título del libro, especialmente para aquellos influenciados por la Ilustración.

Macfarlane critica la creencia humana de ser los seres supremos de la creación, situados en la cima de la pirámide, y no un ser más interconectado en la red de la vida en la Tierra. Esta noción de centralidad humana genera crisis que impactan negativamente en el planeta y en el resto de los seres vivos. La situación de los ríos sirve como punto de partida para plantear preguntas más amplias sobre la relación de los humanos con el entorno.

Un viaje a través de los ríos del mundo

Para escribir el libro, Macfarlane viajó a diversos paisajes fluviales, enriqueciendo su investigación con encuentros y experiencias directas. “No habría podido escribir este libro sentado en mi despacho o en una biblioteca”, afirma.

Destaca la importancia de aprender de las personas que lo recibieron en Ecuador, India o Quebec, llenando cuadernos con sus experiencias. La investigación de campo le proporcionó la fuerza de la inmediatez y lo vivo, invitando al lector a vivir una versión de su viaje físico y personal.

Cada capítulo del libro presenta personajes clave, personas reales y auténticas que han sufrido pérdidas importantes y han trabajado en los ríos y bosques para sanar esas heridas. Rita, una poeta y activista del pueblo innu de Quebec, fue una de las personas que más lo marcó, ayudándolo a ver con el corazón y no solo con los ojos.

La paradoja de la civilización y el maltrato a los ríos

Macfarlane lamenta el maltrato que han sufrido los ríos, a pesar de su importancia para la civilización. Señala que los ríos contienen solo el 0,0002% del agua del mundo, lo que los convierte en recursos raros que deberían ser tratados con cuidado, como especies en peligro de extinción.

Critica la privatización del agua en países como Inglaterra, donde los ríos han pasado de ser entidades casi divinas a simples recursos explotables para maximizar los beneficios de los accionistas. Como resultado, ningún río en Inglaterra o Gales está sano.

¿Qué cambiaría si reconociéramos la vida en los ríos?

Macfarlane destaca ejemplos como la ciudad de Basilea, donde el Rin, antiguamente contaminado, ha sido limpiado y sus habitantes pueden bañarse en él. La idea es convertir al río en un conciudadano, revitalizando la ciudad.

El autor menciona una crisis de imaginación, donde el mundo se imagina como una pirámide con los seres humanos en la cima, reduciendo todo lo demás a recursos. Si nos imaginamos como parte de un sistema complejo, fluyendo junto al agua, nuestra forma de actuar cambiaría.

En un contexto político donde la crisis ambiental es innegable, Macfarlane mantiene la esperanza, citando ejemplos de recuperación de ríos, incluso en lugares donde la administración prioriza la desregulación. El regreso del salmón a los ríos de California gracias al desmantelamiento de represas es un ejemplo de que la recuperación es posible.

En definitiva, ante la pregunta de si los ríos están vivos, Macfarlane responde con un rotundo sí, aunque la respuesta completa requiera un libro de más de trescientas páginas.