Michirones murcianos: la receta tradicional de este plato de cuchara

Michirones murcianos: la receta tradicional de este plato de cuchara
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Michirones murcianos: la receta tradicional de este plato de cuchara

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Los michirones son un plato emblemático de la gastronomía murciana. Este guiso, a base de habas secas, destaca por su sabor intenso y reconfortante, enriquecido con embutido y especias. Es una receta sencilla pero llena de carácter, ideal para disfrutar de una comida nutritiva y tradicional, cuyo sabor se intensifica al reposar.

Históricamente, los michirones surgieron en las cocinas humildes y las tabernas de los barrios tradicionales, donde se ofrecían como sustento a los trabajadores. Con el tiempo, este plato ha trascendido el ámbito doméstico para conquistar las barras de toda la Región, convirtiéndose en un elemento central de las Fiestas de Primavera y las ferias locales. Su éxito reside en la combinación de ingredientes básicos que, cocinados a fuego lento, logran una intensidad que refleja la hospitalidad de la cocina murciana.

Más allá de su valor cultural, los michirones son un plato saludable. El ingrediente principal, las habas, son una fuente importante de proteína vegetal y fibra, lo que las convierte en un alimento saciante y beneficioso para el tránsito intestinal. Al ser la versión seca de la legumbre, su contenido en minerales como hierro, magnesio y potasio es más concentrado. Además, aunque el secado y la cocción reducen la vitamina C presente en las habas frescas, los michirones siguen aportando folatos y vitaminas del grupo B, esenciales para el buen funcionamiento del sistema nervioso.

Cómo preparar michirones en casa: receta paso a paso

Preparar este plato tradicional es más fácil de lo que parece. El secreto reside en la calidad de los ingredientes. A continuación, te presentamos la receta de michirones para cuatro comensales:

  • 500 gramos de habas secas
  • Un hueso o punta de jamón
  • Un par de chorizos frescos
  • Un trozo pequeño de tocino con carne (opcional)
  • Un pegote de sobrasada (opcional)
  • Una cabeza de ajos
  • Un par de hojas de laurel
  • Una cayena (opcional para un toque picante)
  • Pimentón dulce y pimentón picante
  • Pimienta negra molida y sal

La preparación comienza con el remojo de las habas secas durante al menos 12 horas, aunque se recomienda extender este tiempo a más de 24 horas, cambiando el agua varias veces para asegurar su correcta hidratación.

Una vez remojadas y escurridas, las habas se colocan en una olla grande junto con el laurel, el hueso de jamón, los chorizos cortados en rodajas gruesas y el tocino troceado. Se añade la cabeza de ajo cortada por la mitad, las cayenas, una cucharada generosa de pimentón dulce y un toque de pimentón picante al gusto. Si se utiliza sobrasada, se recomienda reducir la cantidad de pimentón para equilibrar los sabores. Se salpimienta ligeramente y se cubre todo con agua hasta que sobresalga un par de dedos por encima.

Se lleva la olla a ebullición a fuego alto durante unos 15 minutos, retirando la espuma que pueda formarse en la superficie. Luego, se baja el fuego, se tapa la olla y se cocina a fuego lento durante dos o tres horas, dependiendo de la dureza de las habas. Es importante remover la olla con movimientos suaves para evitar que la piel de las habas se desprenda. Se prueba el punto de sal y, si el caldo está demasiado líquido al final de la cocción, se pueden sacar algunas habas, machacarlas con un tenedor y devolverlas a la olla para espesar la salsa de forma natural.

Cuando las habas estén tiernas y el caldo tenga una textura melosa, se deja reposar el guiso unos minutos para que los sabores se asienten. Tradicionalmente, los michirones se sirven en cazuelitas de barro como aperitivo, entrante o plato único.

Para complementar este plato contundente, se recomienda acompañarlo con opciones más ligeras y vegetales, como una ensalada murciana. También se puede disfrutar con marineras y pan de hogaza para aprovechar la salsa. Para una experiencia completa, se sugiere un vino tinto de la tierra (Jumilla, Bullas o Yecla).

Cocinar michirones es un acto de paciencia y disfrute. Es permitir que el aroma del pimentón impregne la casa mientras el guiso se cocina a fuego lento, recordándonos que las mejores cosas requieren tiempo. Un plato que conecta generaciones y que reivindica el placer de comer de verdad.