
A favor de San Valentín: Reivindicando el amor en tiempos de cinismo
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Ayer, durante mi visita habitual a la floristería del barrio, quedé cautivada. Si bien siempre encuentro flores hermosas y singulares, esta vez el lugar irradiaba una exuberancia especial. Rosas inglesas, rosas de pitiminí, amapolas rojas, iris… un despliegue de colores que enamoraría a cualquiera.
“¿Y esto?”, pregunté.
“Es por San Valentín”, respondió Ana, la florista. Confieso que, poco dada a celebrar esta fecha por considerarla un cliché comercial, había olvidado su proximidad.
Por supuesto, le pedí a Ana que me preparara un ramo para mí. “Ponme todas las ‘San Valentín vibes’, por favor”.
Ahora lo tengo a mi lado mientras escribo, y no puedo dejar de mirarlo. Mi escritorio huele a rosas.
Mis padres llevan 46 años casados, y desde que tengo memoria, mi padre siempre regala un ramo de rosas a mi madre el 14 de febrero. Me parece un gesto hermoso, ¿qué quieren que les diga?
La necesidad de recuperar la ingenuidad
En esta era donde el cinismo y la actitud “cool” son la norma, donde la frustración encuentra consuelo en odiar y culpar a otros, donde los discursos de odio se propagan con facilidad, detenerse a comprar flores para celebrar el amor puede parecer un acto ingenuo. Pero, ¿y si precisamente necesitamos recuperar esa ingenuidad?
Nos hemos convertido en expertos en anticipar la decepción, creyendo que evitar ilusionarnos nos protegerá del dolor. Pero la verdad es que el dolor siempre llega. Y esa anestesia nos ha despojado de algo valioso: las ganas.
Anhelo esa chispa que nos impulsa a lanzarnos a lo desconocido sin cálculos previos, a confiar en personas, ideas o promesas. Esa fuerza que nos hace creer que “sí” es posible.
El amor como resistencia
Si recuerdan la impactante presentación de Bad Bunny en la Super Bowl, recordarán el mensaje que cerró el espectáculo: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. Puede sonar trivial, pero en el contexto social y político actual, me parece un mensaje poderoso.
Con líderes que promueven políticas migratorias agresivas y señalamientos, este mensaje es un llamado de atención. El odio puede unir y movilizar, pero sobre todo destruye. Reivindicar la ternura, el amor, la comunidad y el cuidado es una forma de resistir y enfrentar este clima hostil.
Puede que todo esto suene sentimental, pero confieso que soy de las que lloran en las bodas o al ver bailar a una pareja enamorada. Me conmueve la gente que se quiere y la ilusión. Quizás necesitamos mostrar más el amor, sin miedo ni vergüenza, y que lo vergonzoso sea lo contrario.
A mí, denme floristerías llenas de rosas, corazones con purpurina y una dosis de cursilería. Denme un espacio para el entusiasmo.













