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ADIÓS A MANOLÍN BUENO, LEYENDA DEL REAL MADRID Y EL CÁDIZ CF
El mundo del fútbol español, y en particular Cádiz y el Cádiz CF, lamentan la pérdida de Manuel Bueno Cabral, conocido cariñosamente como Manolín Bueno. Su fallecimiento marca el adiós a un caballero del deporte, un hombre cuya trayectoria ejemplifica una época donde el talento se unía a la modestia, la lealtad y el respeto por el juego.
Extremo zurdo de gran elegancia y compañero ejemplar, Manolín Bueno dejó su huella tanto en el Real Madrid más glorioso como en el Cádiz CF más romántico. Dos clubes que hoy se unen para honrar su memoria.
Nacido en Sevilla el 5 de febrero de 1940, Manolín creció en Cádiz, prácticamente dentro del Estadio Ramón de Carranza, donde su padre trabajaba como conserje. Esta inmersión temprana en el mundo del fútbol profesional forjó su talento: una técnica depurada, un toque preciso y una comprensión innata del juego.
Hablar de Manolín Bueno es hablar de una saga ligada al Cádiz.
Su abuelo fue empleado del Campo de Deportes Mirandilla, y su padre, Manolo Bueno Fernández, un portero de renombre que militó en el Sevilla FC, el Cádiz CF y el Real Betis, llegando a coincidir con Santiago Bernabéu.
Tras la Guerra Civil, Manolo Bueno Fernández se desempeñó como masajista y conserje del estadio gaditano, lo que permitió a Manolín crecer rodeado de balones, botas y la emblemática camiseta amarilla del Cádiz. El fútbol, más que un juego, era el ambiente que se respiraba en su hogar.
Su talento lo llevó rápidamente a las filas del Cádiz CF, donde su habilidad y elegancia no tardaron en destacar a nivel nacional.
Del Carranza al Bernabéu: Un salto histórico
En la temporada 1958-59, el joven extremo debutó en la Liga en el Estadio Ramón de Carranza, frente a la UD Levante, marcando el gol del empate (2-2). En esa campaña, disputó 23 partidos y anotó seis goles en Segunda División, además de dos tantos en la Copa. Nueve meses fueron suficientes para que Miguel Muñoz y Luis Molowny recomendaran su fichaje al Real Madrid, que se concretó el 1 de mayo de 1959 por la cifra récord de 1.250.000 pesetas, una operación que benefició enormemente a las arcas del Cádiz.
El Real Madrid de Santiago Bernabéu vio en él un gran potencial.
Sin embargo, su llegada coincidió con el apogeo de Paco Gento, la legendaria “Galerna del Cantábrico”, lo que marcó su carrera. A pesar de su enorme calidad, la presencia de Gento limitó sus oportunidades.
Durante doce temporadas (1959-1971), Manolín defendió la camiseta blanca con profesionalismo. Siempre que Gento no estaba disponible, Manolín rendía a un nivel altísimo, sin quejas ni malos gestos. Su papel, aunque a menudo silencioso, fue clave en el Real Madrid que dominó Europa.
Con el club blanco, disputó 119 partidos oficiales y anotó 27 goles.
Compartió vestuario con leyendas como Di Stéfano, Puskás, Rial y Amancio. Su palmarés es impresionante: ocho Ligas (1960-61, 61-62, 62-63, 63-64, 64-65, 66-67, 67-68, 68-69), dos Copas de Europa (1959-60 y 1965-66), dos Copas del Generalísimo (1961-62, 1969-70) y una Copa Intercontinental (1960). También formó parte del legendario Madrid “Yé-yé” que conquistó Europa en 1966.
En una época donde no existían las rotaciones ni el protagonismo mediático actual, su actitud lo convirtió en un referente dentro del vestuario. Compañeros y rivales lo describían como un jugador “siempre listo, siempre noble”.
Miguel Muñoz lo consideraba una garantía de equilibrio y talento cada vez que lo necesitaba.
Aunque su nombre se barajó para la selección española, nunca llegó a debutar oficialmente, lo que alimentó la leyenda del “eterno suplente de lujo”. Fue convocado una vez con la selección absoluta y también figuró en categorías inferiores, pero sin llegar a jugar. Manolín nunca necesitó la titularidad para trascender: su ejemplo fue su mayor logro.
El Regreso a Casa: Cierre de un Círculo
En 1971, Manolín regresó al Cádiz CF, el club donde todo comenzó, para cerrar el círculo de su carrera. Tras dejar el Real Madrid, jugó dos temporadas en el Sevilla FC (1971-73) y, ya veterano, defendió los colores del Cádiz CF Balón (1974-76).
En 1977, regresó al primer equipo del Cádiz como ayudante de Enrique Mateos, junto a Luis Escarti, formando parte del cuerpo técnico que logró el primer ascenso del club a Primera División.
Su regreso fue un gesto de amor y gratitud hacia el club que lo vio nacer. Se retiró poco después, dejando una huella imborrable por su carácter afable, humildad y respeto hacia todos. Se decía de él que era “el mejor suplente del mundo”, pero su legado lo sitúa entre los titulares en el corazón del fútbol español.
Tras su retiro, Manolín mantuvo un perfil bajo, alejado de los focos, pero su nombre seguía resonando con cariño entre los veteranos del Real Madrid y los aficionados gaditanos. Para muchos, era un símbolo de otra época: la del futbolista que jugaba por pasión, no por fama.
Una Coincidencia Emotiva
El destino quiso dejar un último gesto de ternura.
Apenas un día antes de su fallecimiento, el Cádiz CF publicó en sus redes sociales una felicitación por su 84 cumpleaños, recordando a “una leyenda cadista”. Aquella publicación, que mostraba una imagen suya en una antigua tarjeta del club, se convirtió, sin saberlo, en un homenaje anticipado.
Hoy, Cádiz y Madrid comparten el mismo sentimiento: la pérdida de un hombre que representó los valores más nobles del fútbol. Leal, generoso y profundamente profesional, Manolín Bueno demostró que también desde el banquillo se puede hacer historia.
Fue suplente de Gento, sí, pero titular en humildad. Y eso, en el fútbol y en la vida, vale más que cualquier gol.













