
ALBERTO GRECO: VIDA Y ARTE RADICAL EN EL REINA SOFÍA
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
El Museo Reina Sofía dedica una retrospectiva a Alberto Greco, figura clave de la vanguardia experimental y pionero del ‘happening’ y el arte de acción. La exposición, titulada ‘Alberto Greco. Viva el arte vivo’, explora la trayectoria de este artista argentino radical e inclasificable, desde 1949 hasta su muerte en 1965.
Un artista que desafió los límites del arte
Greco, quien se autodenominó “dito dell’arte vivo” (dedo del arte vivo), concebía el arte como una aventura total que debía abandonar los museos y galerías para regresar a la calle. Esta filosofía se materializó en acciones como la realizada en 1963 en Piedralaves, Ávila, donde desplegó un rollo de papel de 300 metros para que los habitantes del pueblo intervinieran con dibujos y textos, convirtiendo la localidad en una obra de arte colectiva.
La exposición reúne dos centenares de obras, incluyendo pinturas informalistas, dibujos, fotografías, collages, escritos y documentos.
El museo alberga la mayor colección del artista, con 109 obras, tres depósitos y numerosos documentos de archivo.
De Buenos Aires a Europa: un nómada del arte
La vida de Greco fue un viaje constante entre Buenos Aires, París, Sao Paulo, Río de Janeiro, Génova, Roma, Nueva York, Madrid, Ibiza y Barcelona, ciudades que fueron escenario de sus acciones artísticas. En Buenos Aires, empapeló las calles con carteles autopromocionales, mientras que en París exploró diversos oficios para sobrevivir y se codeó con figuras como Léger y Picasso.
Su paso por Roma fue especialmente controvertido. Allí, en colaboración con Carmelo Bene y Giuseppe Lenti, estrenó ‘Cristo 63. Homenaje a James Joyce’, una obra calificada de blasfema y pornográfica que le valió la expulsión del país.
Madrid: galería privada y colaboraciones artísticas
En Madrid, Greco abrió su Galería Privada y expuso en la galería Juana Mordó, donde presentó sus “objetos vivientes” o “incorporaciones de personajes a la tela”.
También colaboró con artistas como Antonio Saura, Manolo Millares y Antonio Gades.
Un final trágico y una obra perdurable
Tras una estancia en Nueva York, Greco regresó a España y se suicidó en Barcelona en 1965, convirtiendo su muerte en una última acción artística al escribir la palabra “Fin” en su mano. A pesar de su corta vida, Alberto Greco dejó una huella imborrable en la historia del arte, desafiando las convenciones y explorando los límites de la creatividad.













