
En las imágenes, las propuestas para ‘Generaciones’ de Víctor Santamarina, Maya Pita-Romero y Élan de Orphium LCEEsta operación no está exenta de paradoja, pues la deconstrucción se realiza desde la misma tradición intelectual que lo produjo, lo que reactiva una de las cuestiones más polémicas del pensamiento postcolonial: hasta qué punto los discursos emancipadores de Occidente consiguen sustraerse a la reproducción del sujeto occidental como instancia privilegiada de enunciación y si esa crítica no corre el riesgo de convertirse en una forma sofisticada de administrar –más que de desactivar– el legado colonial. Un debate interesante, aunque no «acuciante».La segunda exposición llega tras las celebraciones por el cuarto de siglo de ‘Generaciones’, la convocatoria destinada a artistas menores de 35 años que organiza l a Fundación Montemadrid. En su edición de 2026, como novedad, se reduce el número de premiados de ocho a seis, lo que se traduce en un montaje más liviano, y aumenta la dotación a 12.000 euros por proyecto. Frente a entregas anteriores, se reconoce con mayor claridad un cierto hilo conductor –prácticas centradas en el proceso, transdisciplinares y situadas– que encuentra en la propuesta de Víctor Santamarina (Madrid, 1990) una de sus formulaciones más lúcidas: una instalación compuesta por estructuras verticales elaboradas con cera reutilizada, destinadas a colapsar y a abrirse a múltiples e inesperadas posibilidades expresivas a lo largo del periodo expositivo.Húmedos circunloquiosLa idea de mutabilidad aparece también en la orina congelada de Élan d’Orphium (1992), que recupera una poética de la micción con amplia presencia en el arte, pero la despoja de su irreverencia para investirla de gravedad, en un desplazamiento discursivo que pretende convertir la ’boutade’ escatológica en acto político articulado mediante circunloquios ‘queer’: la lluvia dorada como «tecnología de comunidad» destinada a «descentralizar las formas de hacer el amor».Entre ambos extremos de coherencia formal y discursiva se sitúan la exploración de la ‘logopedia trans’ de Hodei Herreros (1997), las marcas de agua positivadas de Claudia Pagès (1990) o el inquietante túnel-refugio de Maya Pita-Romero (1999).
También las intervenciones espaciales de Víctor Ruiz Colomer (1993), cuya conceptualización, sintetizada en la cartela, acusa un hermetismo poco hospitalario para el espectador.Arranca la temporada 2026 en LCE Hoda Afshar. ‘The Fold’. Hasta el 26 de abril. Dos estrellas.
‘Generación 2026’. Colectiva. Hasta el 19 de abril. Dos estrellas.
Marlon de Azambuja. ‘Fundación’. Comisario: Bruno Leitão. Hasta el 27 de septiembre.
La Casa Encendida. Madrid. Ronda de Valencia, 2Esta poética de lo procesual alcanza asimismo la instalación escultórica que Marlon de Azambuja (1978) ha concebido para uno de los torreones. Aquí, el suelo se pliega y repliega para convertirse en un territorio vivo que propone al espectador implicarse físicamente.
Poco más puede decirse de una propuesta tan abierta, que será activada mediante intervenciones, encuentros y conversaciones con otros artistas, cuyos registros se incorporarán al espacio del.













