Bíblico temporal azota el campo bravo español: Ganaderías en jaque

Bíblico temporal azota el campo bravo español: Ganaderías en jaque
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Bíblico temporal azota el campo bravo español: Ganaderías en jaque

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El campo bravo español ha sufrido un azote bíblico, con inundaciones que han afectado gravemente a las ganaderías, especialmente en la provincia de Cádiz. Las intensas lluvias y el temporal han provocado una situación crítica, poniendo en riesgo la vida de los animales y la preparación de las próximas temporadas taurinas.

Ganaderos luchan contra el diluvio para salvar a sus reses

Ganaderos, mayorales y vaqueros se han convertido en héroes anónimos, sumergiéndose en el barro para cuidar y salvar a sus reses. A caballo y con las botas embarradas, trabajan incansablemente para proteger a los toros, novillos, becerros y vacas, priorizando el bienestar animal por encima de los daños materiales.

El esfuerzo es titánico, sorteando peligros como el propio temporal y el manejo de las reses bravas. Los animales se hunden en el barro, mientras los ganaderos avanzan con dificultad, conscientes de que el futuro de sus ganaderías está en juego.

Pérdidas y preocupaciones en el sector

El drama es palpable: muerte de becerros neonatos, preocupación por el estado físico de los toros y novillos, y temor a cojeras y problemas en las pezuñas.

Santiago Domecq, desde Garcisobaco, lamenta los daños en estructuras, caminos y vallados, pero sobre todo, el impacto del agua en los animales. “Hemos tenido algunos becerros pequeños muertos, algunos terneros; en los toros, con tanto tiempo debajo del agua, se les nota que pierden un poco de peso. Hay novillos con cojera, algún toro también”, relata.

El barro pesado ha reblandecido las pezuñas, generando preocupación de cara a las primeras corridas en plazas importantes como Valencia y Sevilla. Domecq teme que los toros no lleguen en las mejores condiciones físicas a estos compromisos.

Impacto en diferentes ganaderías

Ricardo Gallardo, de Fuente Ymbro, reporta la pérdida de 18 animales debido a las inundaciones.

El barro se ha convertido en una trampa mortal para los neonatos, y el temor a que afecte a las pezuñas es evidente. Gallardo advierte sobre el riesgo de blandura en las pezuñas, lo que podría provocar caídas en los ruedos.

Pilar Prado, de Torrealta, reconoce que el temporal está dificultando la preparación de los toros. “Los toros no engordan lo que deberían, no los puedes mover…”, explica. Además, señala que los animales no descansan debido a la humedad y el barro, lo que aumenta su esfuerzo al caminar.

Prado hace un llamado a la concienciación sobre las dificultades que enfrentan las ganaderías para el inicio de la temporada.

La voz de los ganaderos

Victorino Martín, desde tierras cacereñas, se suma a las lamentaciones por la pérdida de animales y las dificultades de acceso a los cercados. Borja Domecq, de Jandilla, señala que han tenido que “preparar los toros de otra manera y se complica todo”. Javier Núñez, de La Palmosilla, describe un invierno “más que complicado”, con vías pecuarias reventadas que impiden el acceso y barro hasta la cincha de los caballos.

Juan Pedro Domecq, desde Lo Álvaro, observa un “retraso en la preparación de los toros; no comen lo mismo con este tiempo… No se han podido ejercitar de forma constante”.

Preocupación generalizada en el sector

Antonio Bañuelos, presidente de la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia, ofrece una visión panorámica de la catástrofe.

“Hay partes agrícolas perdidas por desbordamientos del Guadiana, toros subidos a zonas altas pero sufriendo”. Bañuelos destaca la preocupación por posibles cojeras y el exceso de barro que reblandece las pezuñas, lo que podría afectar la presentación de los toros en las primeras ferias.

La situación es crítica, pero los ganaderos emergen como guardianes del campo bravo y de sus toros, demostrando su compromiso con la tradición y el bienestar animal.