
Cartagena, aislada por la falta de conexión ferroviaria: Un freno al desarrollo económico
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Cartagena, a pesar de ser uno de los puertos más importantes del Mediterráneo y el cuarto puerto de España en transporte de mercancías, enfrenta una significativa desventaja competitiva debido a la carencia de una infraestructura ferroviaria adecuada. Esta desconexión lastra su potencial económico y afecta la vida diaria de sus más de 200.000 habitantes.
Roberto Barceló, presidente de la Asociación de Consumidores y Usuarios de la Región de Murcia (Consumur), señala que esta situación ha provocado la desvertebración económica y social de la región.
El impacto económico de la desconexión ferroviaria
La falta de una conexión ferroviaria eficiente, especialmente con el Corredor Mediterráneo, impide que el Valle de Escombreras, un nodo industrial estratégico ligado al puerto, desarrolle todo su potencial. Un estudio de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) indica que Escombreras podría ser un polo energético e industrial de gran relevancia a nivel nacional si contara con esta conectividad.
Según el economista Antonio García Sánchez, el aislamiento ferroviario tiene efectos económicos evidentes: reduce el turismo, disminuye la competitividad logística, incrementa los costes de exportación e importación y genera una pérdida considerable de oportunidades de empleo y actividad económica. La falta de infraestructuras obliga a trasladar mercancías por carretera, aumentando costes y emisiones.
La alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo, coincide en que la mayor pérdida es la de oportunidades. El tren es fundamental para el turismo nacional y de congresos, y la falta de conexión dificulta la atracción de inversores.
El cierre de la línea Cartagena-Madrid
La inversión en las líneas ferroviarias de la región de Murcia ha sido insuficiente en las últimas décadas. La llegada del AVE a Murcia en 2022, en lugar de solucionar el problema, lo agravó al implicar el cierre de la línea directa convencional entre Cartagena y Madrid. Esto obliga a los cartageneros a desplazarse a Murcia para viajar a la capital, con el consiguiente retraso y coste adicional.
Un residente de Cartagena que viaja frecuentemente a Madrid por trabajo, relata que el trayecto de 50 kilómetros hasta Murcia puede llevar una hora, dificultando la conexión con el AVE. El Ayuntamiento de Cartagena estima que este retraso ha costado hasta ahora siete millones de euros a los viajeros.
Además de los ciudadanos, las empresas también sufren las consecuencias. La falta de conectividad ferroviaria reduce su competitividad, lo que impacta negativamente en las inversiones y el crecimiento local.
La Comisión en defensa del Corredor Ferroviario Cartagena-Albacete subraya que el cierre de la línea Cartagena-Chinchilla perjudica la economía de la Región de Murcia y de la provincia de Albacete.
Un servicio de cercanías obsoleto
Más allá de la falta de AVE, Cartagena necesita un buen servicio de cercanías. El actual servicio entre Murcia y Cartagena cuenta con pocas frecuencias diarias y una flota envejecida, lo que limita el uso del tren como alternativa al coche. García Sánchez destaca que esto encarece los desplazamientos y empeora la calidad de vida.
La falta de conexiones rápidas con grandes ciudades también reduce la llegada de visitantes y estudiantes, limitando el impacto económico del turismo y las oportunidades de intercambio cultural.
El futuro incierto del AVE
Cartagena lleva cuatro años sin conexión ferroviaria con Madrid. La alcaldesa Arroyo estima que la conexión convencional no se restablecerá hasta finales de año, lo que significa cinco años de aislamiento. La llegada del AVE podría demorarse aún más, posiblemente hasta 2033 o 2035.
Según el experto Antonio del Campo, los retrasos se deben principalmente a problemas de financiación, ya que se están acometiendo otras obras ferroviarias en la región.
Cartagena paga un “impuesto logístico implícito”
La Comisión en defensa del Corredor Ferroviario Cartagena-Albacete insiste en la necesidad de impulsar las obras del tramo Murcia-Cartagena y transformar el túnel proyectado de vía única en la Sierra de Altaona en un túnel de vía doble.
Tanto Del Campo como Barceló consideran que el aislamiento ferroviario de Cartagena responde a decisiones políticas y a la priorización de la conectividad en otras zonas de la Península Ibérica.
Desde el Colegio de Economistas señalan que se necesita una visión de conjunto y una adecuada planificación para mejorar la conectividad por ferrocarril, tanto con Madrid como con Andalucía.
García Sánchez concluye que Cartagena está pagando un “impuesto logístico” implícito, que se traduce en mayores costes de transporte y menor atractivo para las inversiones. El aislamiento ferroviario impacta directamente en la vida de sus residentes y en su capacidad para crecer económica y socialmente.













