Cine español: Rompiendo fronteras y desafiando el nacionalismo

Cine español: Rompiendo fronteras y desafiando el nacionalismo
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Cine español: Rompiendo fronteras y desafiando el nacionalismo

El cine, como forma de arte, refleja el momento presente, aunque a veces el tiempo de producción puede generar un desfase entre la idea original y el estreno. Sin embargo, en ocasiones, las películas parecen dialogar directamente con la realidad política, marcada por el resurgimiento del nacionalismo y nuevas manifestaciones de imperialismo.

Reacción del cine español

De manera posiblemente involuntaria, el cine español ha reaccionado a esta situación. Un análisis de las películas más destacadas de 2025 revela una ruptura con los moldes patrios. Es importante analizar estas obras desde una perspectiva transnacional y crítica del nacionalismo, para comprender los intereses de quienes las crean.

La producción cinematográfica de 2025 parece traspasar fronteras, desafiando los límites de los Estados-Nación. Este cine se rebela contra la obsesión global por “nacionalizar” al otro, ofreciendo una perspectiva que trasciende las divisiones geográficas y culturales.

Ejemplos de transnacionalidad en el cine español

Sirât nos transporta a un no lugar donde personajes de distintas nacionalidades permanecen a la deriva. Su patria es una “no patria”. Una quinta portuguesa, ya desde el título, sugiere que España se le queda pequeña. En un género diferente, Avelina Prat también aborda el desmembramiento de la identidad nacional en su cine.

Molt lluny traslada al espectador a una Holanda que sirve como espacio de exilio para un protagonista que busca desarrollarse laboral e identitariamente. De manera similar, en Truman, el hijo del personaje de Ricardo Darín se había marchado a Holanda. En Mi amiga Eva, las relaciones laborales son internacionales, pero las amorosas tienen una esencia transnacional. Ninguna frontera puede contener el deseo, ya sea en Barcelona, Roma o a lo largo del Danubio, como en Estrany riu, donde el río mismo simboliza la transnacionalidad, fluyendo a través de distintos países sin pertenecer a ninguno.

El cautivo muestra cómo una prisión en otro continente se convierte en diáspora y, a la vez, en germen de la genialidad literaria. La cárcel no puede poner fronteras al pensamiento, ni tampoco la nación. El idioma castellano permanece inalterado, ya sea en un pueblo español o en una celda en Argel.

La excepción: la rigidez de las fronteras

Es importante señalar que rodar en distintos países no siempre implica un discurso transnacional. Un fantasma en la batalla muestra cómo el paso del Estado español al francés refleja diferentes enfoques judiciales y policiales hacia los miembros de ETA. En esta obra, cruzar la frontera evidencia la rigidez de los Estados.

El cuerpo como territorio transnacional

En otras ocasiones, el territorio donde se difumina la nación es el propio cuerpo. Los tortuga, con Delia, una taxista chilena, nos recuerda que el mundo es diáspora, con exilios viejos que dan paso a nuevas migraciones. En La buena letra, Ana recibe cartas imposibles desde el exilio obligado.

Conclusión: Un cine sin fronteras

Aunque los paralelismos puedan parecer forzados, estas películas comparten el haber sido estrenadas en la misma temporada y convivir con un contexto internacional concreto. En años anteriores, ya se había observado una tendencia creciente hacia el cine transnacional, como en Upon entry, Un año una noche, la primera película en inglés de Almodóvar, o los personajes franceses de As bestas. Directores como Isaki Lacuesta, Almodóvar, Coixet, Albert Serra o Sorogoyen muestran una coincidencia: su cine no cabe en un solo idioma ni en el marco estatal que los define.

La filmografía de Isabel Coixet, con obras como Tres adioses, es un alegato a favor de la multiculturalidad. Sus películas nos trasladan a Barcelona, Roma, Tokio o una plataforma petrolífera en medio del mar. Frente a las pertenencias uniformes, un arte inclasificable. Frente al nacionalismo estanco, un cine sin fronteras.