CUANDO LAS JOYAS SE CONVIERTEN EN LIQUIDEZ: ¿QUIÉN VENDE SU ORO Y POR QUÉ AHORA?

CUANDO LAS JOYAS SE CONVIERTEN EN LIQUIDEZ: ¿QUIÉN VENDE SU ORO Y POR QUÉ AHORA?
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CUANDO LAS JOYAS SE CONVIERTEN EN LIQUIDEZ: ¿QUIÉN VENDE SU ORO Y POR QUÉ AHORA?

Las joyas, tradicionalmente guardadas en cajones familiares, están resurgiendo en el mercado. Alianzas olvidadas, cadenas heredadas y relojes de oro con historia se transforman en activos financieros debido al aumento del precio del oro, a pesar de su reciente volatilidad. Las casas de compra-venta de metales preciosos se convierten así en termómetros sociales.

El oro ha experimentado una revalorización significativa, impulsada por factores geopolíticos, conflictos internacionales e inestabilidad económica, así como por las compras masivas de los bancos centrales y las expectativas de recortes en las tasas de interés.

Ante la volatilidad financiera, el oro resurge como valor refugio, ofreciendo seguridad y potencial de revalorización a largo plazo.

Del recuerdo al activo

Este cambio de paradigma se refleja en el mercado físico. El oro ya no es solo un refugio en crisis, sino un activo de preservación de valor estructural, modificando el perfil de quienes acuden a joyerías o casas de cambio.

Ahora, ahorradores y familias monetizan patrimonio acumulado, inversores rotan activos tras años de ganancias y perfiles patrimoniales utilizan el oro como puente de liquidez. La joya se valora más por su contenido en metal que por su carga emocional.

Aunque convive con diversas trayectorias vitales, como la de Alberto Parra, quien vendió un reloj de oro heredado para comprar uno que pudiera usar, resignificando el valor emocional de la joya.

Desde el sector insisten en que el aumento del precio ha convertido joyas guardadas durante años en una oportunidad financiera. Las casas de compraventa reflejan tanto la presión económica como los cambios culturales en la relación con el patrimonio.

Vender sin urgencia (y también con ella)

El alza del oro ha diversificado los motivos para vender. En las casas de compraventa confluyen personas mayores que liquidan herencias, jóvenes sin apego a piezas familiares, inversores anticipando nuevas subidas y personas buscando liquidez urgente.

Irene Delafuente, estudiante de Derecho, vendió parte de la colección de joyas de su abuela, conservando las más especiales. Reflexiona sobre cómo las joyas han perdido valor como bien preciado debido a su mayor accesibilidad.

Aunque la urgencia persiste en algunos casos. Antonia García, auxiliar de enfermería, vendió las joyas de su suegra por necesidad económica, destinando el dinero a la formación de sus hijos, una decisión con fuerte coste emocional.

Su testimonio revela que la venta de joyas a menudo responde a la necesidad y a la carga simbólica, funcionando como vínculo entre generaciones. Frente a la oportunidad, también está el último recurso, intentando preservar el significado de lo perdido.

Un termómetro del cambio generacional

Este fenómeno ocurre en un contexto de encarecimiento generalizado. Aunque el valor simbólico persiste, el factor generacional emerge con fuerza. Donde antes había dote y ahorro familiar, hoy hay liquidez y desapego. Vender o guardar es una decisión práctica, no moral. Para muchos jóvenes, vender joyas heredadas es reinterpretar el pasado.

El oro brilla de nuevo, pero por distintas razones. En un entorno de incertidumbre, deuda elevada y desconfianza, las joyas salen del cajón y entran en la báscula. No siempre por necesidad, sino porque ahora pesan más como activo que como recuerdo.