Día Mundial del Galgo: Diferencias clave entre el galgo español y el inglés

Día Mundial del Galgo: Diferencias clave entre el galgo español y el inglés
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Día Mundial del Galgo: Diferencias clave entre el galgo español y el inglés

A primera vista, podrían parecer idénticos: cuerpos estilizados, cabezas alargadas y patas finas diseñadas para correr a gran velocidad. Sin embargo, una observación más atenta revela que **el galgo español y el galgo inglés son distintos**, aunque a menudo se confundan. En el Día Mundial del Galgo, es crucial destacar la diferencia fundamental que los separa: **velocidad versus resistencia**.

Origen: Dos historias, dos estilos de carrera

El origen de cada raza determina su camino. El galgo inglés, también conocido como greyhound, tiene raíces en el Antiguo Egipto y se desarrolló en el Reino Unido. Allí, fue criado durante siglos con un objetivo claro: **ser el más rápido en distancias cortas**. Alcanza velocidades cercanas a los 60 km/h, siendo un perro de explosión, ideal para salidas rápidas, casi como un atleta olímpico.

El galgo español, por otro lado, es el resultado de siglos de mezcla y adaptación en la Península Ibérica. Tiene sangre de galgo inglés, pero también de podencos y perros norteafricanos como el sloughi, que llegaron hace aproximadamente mil años. Esta mezcla le otorgó la virtud de **mantener el ritmo durante más tiempo**. Aunque corre a unos 48 km/h, puede mantener esa velocidad durante más tiempo sin fatigarse. No sale disparado, sino que persiste. Ahí reside la gran diferencia entre ambos.

Velocidad pura frente a resistencia

El galgo inglés está diseñado para arrancar, alcanzar su máxima velocidad en segundos y terminar la carrera rápidamente. Esto lo ha convertido en el protagonista de las carreras de galgos y la caza a la vista en espacios abiertos y controlados.

El galgo español, en cambio, es un corredor de fondo. Su musculatura y estructura corporal le permiten mantener una carrera prolongada, adaptarse al terreno y resistir más tiempo. Históricamente, esto lo hizo ideal para la caza en grandes extensiones rurales, donde la persecución no siempre es breve ni rectilínea.

Dos cuerpos parecidos, dos filosofías opuestas.

Diferencias físicas reveladoras

Aunque ambos comparten una silueta elegante, existen detalles que permiten distinguirlos. El galgo inglés es ligeramente más grande y pesado, pudiendo medir hasta 76 cm a la cruz y pesar más de 30 kg. Su tórax es ancho, casi en forma de tonel, con un pecho que llega a la altura de los codos, diseñado para una gran capacidad pulmonar en esfuerzos intensos y cortos.

El galgo español es más ligero y estilizado. Su tórax es profundo y alargado, pero menos ancho, y su zona lumbar suele ser más larga, favoreciendo la resistencia. También varían los pies: el inglés tiene “pies de gato”, más compactos, mientras que el español presenta “pies de liebre”, más alargados.

Incluso la cabeza revela matices: el galgo inglés tiene un cráneo algo más ancho y un hocico más puntiagudo; el español, una expresión más sobria y afilada.

Carácter: Sensibilidad compartida, matices distintos

En cuanto al carácter, no hay una frontera tan definida, pero sí tendencias. Ambos son perros tranquilos en casa, sorprendentemente perezosos en el sofá y muy sensibles al trato humano. No son ruidosos ni demandantes.

El galgo inglés suele ser más confiado y directo. No le gustan los juegos bruscos, pero gestiona la incomodidad retirándose sin conflicto. El galgo español, en cambio, tiende a ser más tímido e independiente, especialmente si no ha tenido una buena socialización. Necesita tiempo, paciencia y un entorno seguro para abrirse.

En ambos casos, la educación en positivo no es una opción, sino una necesidad. Son perros extremadamente sensibles al tono, al ambiente y a la experiencia previa.

Dos galgos, dos realidades

En resumen, no son el mismo perro con distinto pasaporte. El galgo inglés es velocidad pura, explosión y precisión. El galgo español es fondo, resistencia y adaptación. Ambos comparten una elegancia casi frágil y una nobleza que desarma, pero sus cuerpos e historias hablan lenguajes distintos.

Entender esta diferencia es una forma de respetarlos mejor. Detrás de esas patas largas hay siglos de selección, usos distintos y, hoy, demasiadas historias de abandono que no deberían repetirse. En el Día Mundial del Galgo, conviene recordarlo: no todos corren igual, pero todos merecen lo mismo.