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EL AMOR EN EL CINE: MUCHO MÁS QUE UNA COSA DE DOS
Siempre se ha dicho que el cine captura el sentir de las calles y lo plasma en imágenes, reflejando el espíritu de cada época. Si bien esto es cierto y el cine traslada las preocupaciones de la sociedad, también es cierto que las películas actúan en sentido inverso, creando formas de comportamiento en las personas. El documental *Disclosure*, sobre la comunidad trans, pone un ejemplo claro: el 80% de las personas nunca han conocido a una persona transexual, y es a través de la ficción cómo han aprendido a comportarse ante ellas.
De esta manera, descubrimos el amor en el cine antes de experimentarlo en nuestras propias carnes. Cuando sentimos algo parecido, el cine ya está en nuestro ADN, generando expectativas, modelos y pautas de las que es difícil escapar.
París es considerada la ciudad del amor, y aunque su encanto es innegable, ha sido el cine el que lo ha certificado. Los enamorados de las películas nos han dicho que la escapada más romántica es a París, y así lo hemos asumido. Además, *Casablanca* (1942), separaba a sus personajes con la frase para el recuerdo, “Siempre nos quedará París”, aunque la frase original era “Siempre tendremos París”.
Clásicos y Comedias Románticas: Patrones y Expectativas
*Casablanca* es una de esas películas que nos ha enseñado a comportarnos ante el amor, mostrando que rara vez las cosas acaban bien. Las películas románticas que más recordamos son aquellas que terminan con la pareja separada. *Los puentes de Madison* (1995), repite el patrón marcado por *Casablanca*, donde la pareja protagonista no puede acabar junta porque la vida se interpone.
Por otro lado, la comedia romántica ha creado otras formas de comportamiento que, si bien son más ligeras, también son más peligrosas. Los hombres intentan solucionar todo con flores y creen que su misión es salvar a las mujeres. *Pretty Woman* (1990) nos decía que el caballero andante debe salvar a la prostituta Vivian, convirtiendo a Julia Roberts en una estrella. Esta película ha calado hondo en las expectativas amorosas y sigue siendo líder de audiencia cada vez que se emite en televisión.
El Melodrama Moderno y Rompedor
Aunque el cine clásico y la comedia romántica han repetido patrones, desde las últimas décadas hay una revisión constante que pone en jaque el amor romántico y todas las pautas marcadas en el pasado. Al revisar ahora mismo un filme de la Nouvelle Vague como *Al final de la escapada* (1960), uno descubre comportamientos tóxicos que hoy no pasarían ningún examen. Sin embargo, todo el mundo sigue tocándose el labio como Jean Paul Belmondo cuando quiere seducir a alguien.
Muy pronto hubo directores que introdujeron elementos mucho más modernos a las historias de amor, como Douglas Sirk, con títulos como *Imitación a la vida* (1959), donde la clase y la raza se interconectaban. Sirk fue reivindicado por realizadores como Fassbinder, Todd Haynes y Pedro Almodóvar, iconos del cine *queer* que pusieron el cine patas arriba, también al amor romántico.
Todd Haynes tiene en su filmografía varias películas que imitan las formas de Sirk, pero que ofrecen una mirada mucho más compleja del amor, intentando cambiar las pautas que Hollywood inculcó en la gente. *Carol* (2015), adoptaba las formas del melodrama clásico para poner en el centro de su historia a dos mujeres. Haynes adaptaba a Patricia Highsmith para contar un romance hermoso y contra las normas, derribando otra norma escrita: que las historias de amor entre dos personas del mismo género debían acabar mal.
Pedro Almodóvar también cita a Sirk. Aunque en su cine siempre hemos visto a mujeres arrasadas por el amor, ha revisitado todo eso desde sus últimas obras. En su corto *La voz humana* (2020) revisaba el texto de Jean Cocteau para crear una versión feminista que acababa con todo en llamas. En su filmografía, el amor reside realmente en las amigas, en la familia elegida. El amor estaba en la prostituta transexual de la Agrado en *Todo sobre mi madre* (1999) y en la vecina que interpretaba Verónica Forqué en *¿Qué he hecho yo para merecer esto?* (1984). Incluso el amor familiar es diferente en sus guiones: las familias se eligen y nunca se imponen.
El Amor Propio También es Amor
La misma Agrado de *Todo sobre mi madre* decía que “una es más auténtica cuanto más se parece a lo que siempre soñó de sí misma”, apuntando a otro tipo de amor, el amor propio. Por eso resultó tan fresca *La boda de Rosa* (2020), en el que Candela Peña decidía casarse consigo misma.
Bollaín creaba un relato feminista en el que una mujer harta de que le pregunten si tiene novio, si quiere hijos o si se va a casar, decidía que con quien quería estar bien era con ella. Que no es egoísta quererse mucho, dando un portazo a todos en la cara haciendo una ceremonia para refrendar su amor como declaración de intenciones.
El cine también ha enseñado que otro amor es posible y que va más allá de las acartonadas historias entre un hombre y una mujer. Ha mostrado que también se juega a tres bandas como en *Y tu mamá también* (2001), y hasta se ha planteado si uno se puede enamorar de una Inteligencia Artificial. Spike Jonze se adelantó al debate actual sobre la IA y en *Her* (2013) imaginó la historia de amor más triste posible.
Para Ken Loach el amor es una cuestión de clase. En su cine hay amor, pero siempre es un amor por lo común. Su última película, *The Old Oak* (2023), terminaba con un canto esperanzador: el de una comunidad que unida podía superar todo. El amor común para acabar con los discursos racistas y de extrema derecha. Es imposible la bondad y un amor sano cuando no hay un Estado de bienestar.
No es Amor, es una Obsesión
El cine también se ha recreado en las obsesiones sexuales y románticas, desde *Psicosis* (1960) hasta *Atracción fatal* (1987). Todas ellas hablaban de los peligros de caer en lo obsesivo en cuestiones de amor, además de servir como cuentos morales de tinte conservador, ya que normalmente en ellas se castigaba a la persona infiel por sus escarceos sexuales.
El erotismo es algo que, gracias sobre todo a las directoras, ha cambiado en el cine actual. Hasta hace poco, lo sensual era la mirada de un hombre sobre ellas, el cuerpo cosificado de la mujer. Mujeres como Céline Sciamma han roto la baraja y han reivindicado el erotismo del consentimiento en películas como *Retrato de una mujer en llamas* (2019).
Son ellas las que están mostrando que no hay que refutar el amor, sino entender que tal como nos lo había presentado el arte arrastraba dinámicas tóxicas y peligrosas. Por eso *Past Lives* (2023), se ha convertido rápidamente en un título de culto, viendo el clásico triángulo amoroso desde otro lugar. La bondad y la empatía como atributos revolucionarios y sexys. Un cambio de paradigma que hace que el cierre de *Past Lives* pueda ser, para las nuevas generaciones, tan importante como la separación de Ilsa y Rick en *Casablanca*.













