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EL BAR DEL TANATORIO: LLUVIA, REFLEXIONES Y METÁFORAS
El bar del tanatorio, refugio de almas caladas por la lluvia y la saturación informativa. Entre cafés y silencios, se tejen conversaciones sobre la realidad, a menudo agridulces, a veces cómicas.
El Tiempo y la Política
Andrés, cliente habitual, observa la lluvia mientras comenta la sequía pronosticada y las promesas incumplidas. La conversación deriva hacia la política, donde las verdades a medias y las mentiras convenientes parecen ser la norma. “Gobierna sin mayoría absoluta”, sentencia Andrés, mientras evalúa si la lluvia es suficiente para quejarse.
El camarero, testigo silencioso, interviene para añadir un toque de humor ferroviario.
Dos jubilados, absortos en debates sobre vías y tornillos, ejemplifican cómo los trenes, como el Estado, funcionan mejor en silencio, o descarrilan cuando se habla demasiado de ellos. La conversación deriva hacia el estado del mantenimiento, invisible hasta que falla, como la higiene o el café en el bar.
“España entera es una cafetera sin descalcificar”, afirma Andrés, mientras la lluvia subraya la metáfora. El problema del mantenimiento, la pereza política de pensar en el futuro, que no vota pero descarrila con puntualidad.
Inmigración: Un Deporte Nacional
El debate migratorio emerge como otro tema recurrente. Opiniones polarizadas, datos ausentes, adjetivos abundantes.
“La gente habla de flujos migratorios como si fueran goteras: ‘que alguien lo cierre’”, comenta Andrés, con una mirada crítica. El camarero, pragmático, resume: “Los que vienen piden café y los de siempre fían”.
La inmigración, un problema real que no cabe en un tuit, obliga a gestionar y matizar, algo mal visto en tiempos de radicalización. Andrés ironiza sobre la sorpresa de un país de emigrantes ante la llegada de extranjeros. La épica del pasado contrasta con la logística del presente.
El camarero, realista, define la logística como cuadrar turnos con menos personal y más entierros: la política real.
Bronca Literaria: La Guerra Civil de las Metáforas
En medio de los debates sobre trenes y fronteras, una “bronca literaria” divide al país. Escritores discuten con fervor patriótico mientras la patria mira TikTok. “Es una pelea de salón con complejo de barricada”, resume Andrés.
La literatura, reducto donde un adjetivo puede desatar un conflicto, es a la vez una válvula de escape y un reflejo de las tensiones sociales. Un duelo a pluma descargada, menos peligroso que arreglar vías.
Al final, todo se reduce a lo mismo: nadie quiere pagar el mantenimiento, ni de trenes, ni de la convivencia, ni del debate público.
Mantener, un verbo sin glamour, eclipsado por la heroica acción de inaugurar y refundar.
Entre borrachos lúcidos, se vislumbra la posibilidad de hablar de algo alegre la próxima semana: los seguros de decesos, un tema siempre animado. La lluvia persiste, indecisa, mientras en algún lugar, un tren llega puntual, quizás por casualidad, quizás en Suiza.













