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El Fin del Tratado Nuclear entre Rusia y EEUU: ¿Camino Libre a una Carrera Atómica?
El vencimiento de la prórroga del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START III o New START) el 5 de febrero, acuerdo que limitaba el despliegue de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia, ha generado preocupación a nivel global, abriendo la puerta a una posible proliferación de armamento nuclear.
Un legado de control desde la Guerra Fría: El tratado, firmado en 2010, formaba parte de una serie de acuerdos diseñados para controlar la posesión de armas nucleares entre las dos superpotencias, motivados por la convicción de que una guerra nuclear llevaría a la destrucción mutua asegurada.
Los pilares del acuerdo: Junto con el Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM) y el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), el START III establecía límites específicos, impidiendo a cada nación contar con más de 1.550 cabezas nucleares estratégicas desplegadas, 700 vectores de lanzamiento estratégico (ICBM, SLBM y ALCM) y 800 lanzadores en total.
Más allá de los límites cuantitativos, el tratado implementaba un sistema de inspecciones *in situ* y el intercambio de información sobre los arsenales de cada país, promoviendo la transparencia y la verificación del cumplimiento.
Un punto de inflexión: La expiración del tratado amenaza con revertir el progreso logrado en la reducción del número de armas nucleares a nivel mundial, que pasó de más de 70.000 durante la Guerra Fría a aproximadamente 12.000 en la actualidad, con Rusia y Estados Unidos poseyendo cerca del 90% de este armamento.
Este contexto se suma a la incertidumbre generada por la situación de otros acuerdos clave, como el Tratado de No Proliferación (TNP), el Tratado de Cielos Abiertos, el Tratado de Prohibición Completa de Pruebas Nucleares (CTBT) y el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPAN).
Un panorama desestabilizador
La situación actual plantea un escenario de inestabilidad, ya que ambas superpotencias están inmersas en ambiciosos programas de modernización de sus arsenales, lo que podría interpretarse como una señal de una nueva carrera armamentista.
Las ambiciones de Putin: Rusia ha mostrado con orgullo sus nuevos desarrollos armamentísticos, como el misil de crucero intercontinental 9M730 Burevéstnik y el dron submarino Status-6 Poseidón, además del uso de misiles balísticos hipersónicos de alcance intermedio Oreshnik 9M729 en Ucrania.
La postura de Trump: Por su parte, Estados Unidos, bajo la administración Trump, ha insinuado la posibilidad de retomar las pruebas nucleares, suspendidas desde 1992, y ha planteado la creación de un escudo antimisiles, conocido como Cúpula Dorada.
En 2023, Rusia suspendió su participación en el tratado y negó el acceso a las inspecciones regulares, aunque propuso mantener los límites acordados durante un año más, una oferta que no fue aceptada por Estados Unidos.
Sin visos de un nuevo acuerdo
La falta de voluntad para negociar un nuevo tratado, sumada a las limitaciones tecnológicas de los sistemas de defensa antimisiles, apuntan a una posible aceleración de la carrera armamentista nuclear. China también juega un papel importante en este contexto, mostrándose reacia a participar en las negociaciones hasta que su arsenal nuclear alcance niveles similares a los de Rusia y Estados Unidos.
La situación plantea interrogantes sobre el papel de los países de la Unión Europea ante la posible ruptura del vínculo transatlántico y la búsqueda de una autonomía estratégica en materia de defensa.













