
El futuro del ferrocarril en España: un debate necesario
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En España, el debate sobre el ferrocarril resurge con fuerza ante cada accidente grave o acumulación de problemas en la red. Más allá de estos momentos críticos, la discusión sobre el futuro del ferrocarril, su financiación y prioridades permanece en un segundo plano.
La necesidad de un debate profundo
Durante años, la inversión en ferrocarriles ha sido un componente importante de los presupuestos, pero sin el análisis y escrutinio necesarios. La falta de periodismo especializado y de plataformas intermedias entre el gobierno y la sociedad civil dificulta una conversación informada y constructiva. Esta carencia de información y diálogo abierto permite que la discusión se centre en intereses particulares, críticas destructivas y la búsqueda de culpables, generando frustración entre los profesionales del sector.
Es fundamental replantear el papel del ferrocarril en la sociedad española, definiendo cuánto invertir y en qué áreas específicas. Esta discusión implica, inevitablemente, determinar en qué no se invertirá.
Un momento de desafíos y oportunidades
El sector ferroviario se enfrenta a un momento complejo, marcado por la frustración ante accidentes y la necesidad de modernización. Los desafíos son numerosos, pero los recursos y capacidades técnicas son limitados, lo que exige una priorización estratégica.
Mirar al pasado puede ofrecer perspectivas valiosas. En la década de 1980, a pesar de las dificultades, se lograron importantes avances al establecer prioridades claras y desarrollar soluciones viables para los ciudadanos.
Lecciones del pasado: el éxito de los años 80
En los años 80, la red ferroviaria española se encontraba en un estado deficiente. Ante esta situación, se priorizó la creación de un plan de cercanías y la modernización de las rutas más demandadas, como el “triángulo de oro” Madrid-Barcelona-Valencia y el acceso ferroviario a Andalucía, que dio origen a la primera línea de alta velocidad.
Este plan fue un éxito, impulsando la modernización de la red de cercanías de varias ciudades, especialmente Madrid, que logró ofrecer un servicio eficiente, puntual, frecuente, limpio y fiable. En paralelo, se desarrollaron otros proyectos exitosos, como el AVE de Sevilla y la modernización de la red catalana FGC.
El éxito del plan de cercanías y del AVE garantizó un flujo continuo de financiación para el ferrocarril, en parte gracias a los fondos europeos. Sin embargo, esta apuesta por los cercanías y la alta velocidad dejó de lado los servicios regionales, los trayectos largos en zonas menos pobladas y el transporte de mercancías.
Priorizar y asumir el coste
La experiencia de los años 80 demuestra que cualquier plan implica establecer prioridades, dejando de lado otras áreas. El ferrocarril español se encuentra en un momento crucial que exige una reflexión profunda y la capacidad de fijar prioridades como sociedad, asumiendo el coste que esto implica. Es necesario decidir en qué trenes se invertirá y en cuáles no.
El éxito no será tan lineal como en los años 80, ya que la situación de partida es mejor y los avances tecnológicos han complicado la planificación y ejecución de proyectos. Además, es fundamental considerar la realidad de un país diverso con comunidades autónomas que desempeñan un papel fundamental.
Un futuro que requiere equilibrio
El ferrocarril del futuro no puede ser ni centralizado ni fragmentado en territorios descoordinados. Requiere un enfoque equilibrado a nivel europeo, estatal y local. Para lograrlo, es necesario trazar un plan creíble, fijar prioridades y asumir la inversión necesaria. Un sistema ferroviario seguro, eficiente y puntual es esencial para la movilidad del país.













