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El juicio por el crimen del canónigo de Valencia: sexo, dinero y un asesinato sin resolver
El juicio por el asesinato de un canónigo de la Catedral de Valencia ha captado la atención, incluso de una diputada autonómica con aspiraciones literarias. El caso presenta elementos intrigantes: un crimen cerca de la catedral, un religioso conocido por ofrecer dinero a hombres sin recursos a cambio de sexo, un guardaespaldas rumano y un conserje descontento con el vecino de sotana. La acusación sostiene que uno de estos jóvenes, aún sin identificar, estranguló al canónigo.
Miguel Tomás V. N., un hombre de nacionalidad peruana sin antecedentes penales, es el único acusado. La fiscalía solicita una pena de 28 años de prisión por su presunta participación en los delitos de asesinato, robo con violencia y estafa.
Los hechos
Alfonso López Benito, el canónigo de 79 años, residía en la calle de las Avellanas, cerca del Arzobispado de Valencia. Conoció al acusado a finales de julio de 2023. Miguel Tomás admitió haber visitado el apartamento del religioso en El Perelló durante ese verano, pero negó haber mantenido relaciones sexuales con él. En noviembre, el canónigo bloqueó su número de teléfono.
Según la fiscalía, el 21 de enero de 2024, el canónigo fue asfixiado por un tercer hombre en presencia de Miguel Tomás. El fiscal Antonio Gastaldi describió la muerte como “brutal”.
Un amigo del canónigo, preocupado por su falta de noticias, fue a su casa al día siguiente con el conserje. Encontraron el cuerpo sin vida del religioso. En ese momento, el móvil del fallecido envió un mensaje al conserje, quien describió el momento como impactante.
La policía detuvo al acusado al día siguiente en una pensión, encontrándolo en posesión del teléfono, el DNI y la tarjeta de crédito del canónigo. El Ministerio Público alega que utilizó la tarjeta para compras por valor de 2.327 euros y otra tarjeta para gastos de 385 euros. Miguel Tomás reconoció haber usado las tarjetas, afirmando: “Está mal, lo reconozco”.
Investigación policial y defensa del acusado
La policía científica no encontró rastros de ADN del acusado en la vivienda. Sin embargo, hallaron restos de otro hombre no identificado en la almohada, así como siete huellas desconocidas.
El acusado declaró que un tal Manuel, a quien conoció trabajando en la recogida de naranjas, fue quien cometió el crimen. Afirmó que Manuel conocía al canónigo porque él mismo se lo había presentado.
Tanto el acusado como su abogado argumentaron que la policía no investigó adecuadamente, señalando la ausencia de ADN y huellas de Miguel Tomás en la escena del crimen. El fiscal respondió que el acusado no tenía por qué tocar todo en la casa y que actuó en compañía de otra persona.
Pruebas telefónicas y antecedentes del canónigo
El posicionamiento de los teléfonos móviles situó el terminal de Miguel Tomás cerca de la vivienda del canónigo el día del crimen. El teléfono del acusado nunca fue encontrado, y él alegó que se lo robaron. El fiscal cree que el teléfono fue destruido para ocultar pruebas.
El fiscal recordó que el canónigo solo abría la puerta a conocidos, debido a malas experiencias previas con personas sin recursos con las que mantenía relaciones sexuales. Los vecinos se habían quejado del constante trasiego de visitantes.
Testimonios: guardaespaldas y relaciones problemáticas
El conserje del edificio declaró que el canónigo solía llevar a su casa a jóvenes necesitados y con adicciones a drogas. También confirmó la existencia de un guardaespaldas que protegía al canónigo.
Otro testigo, el vigilante del garaje, también mencionó al guardaespaldas. El gestor cultural de la Catedral relató una ocasión en la que ayudó al canónigo con problemas informáticos y quedó bajo la vigilancia del guardaespaldas, describiendo la situación como extraña e intimidante.
El conserje también reveló que al canónigo “le gustaban adultos, lo más necesitados posible” y que había tenido problemas con algunos de sus visitantes. Un chico amenazó con matarlos a él y al cura, mientras que otro se sintió humillado porque el canónigo le pagó menos de lo prometido por un servicio sexual.
El abogado del acusado criticó la investigación policial, sugiriendo que había “cierto interés en pasar página pronto”. Afirmó que el caso presenta demasiadas dudas y que el jurado deberá deliberar sobre si Miguel Tomás V. N. es culpable o no del crimen del canónigo de la Catedral.













