El retorno balcánico de Marina Abramović al Liceu: una conmovedora incoherencia

El retorno balcánico de Marina Abramović al Liceu: una conmovedora incoherencia
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El retorno balcánico de Marina Abramović al Liceu: una conmovedora incoherencia

Marina Abramović siempre será recordada como la reina de la performance extrema del siglo XX. Diva de las formas más radicales de resistencia física y mental, cuida al máximo la estética de sus espectáculos, combinando la puesta en escena fotográfica con el impacto de las imágenes más provocadoras.

Su capacidad para sorprender, incluso asustar o repeler, sin renunciar a la belleza visual, ha caracterizado su carrera, tanto en proyectos en centros de arte y museos como en puestas en escena en teatros líricos. En 2023, ya estrenó en el Liceu *The 7 deaths of Maria Callas*, donde recreaba a la diva de la ópera en siete de sus representaciones.

Ahora, ha regresado con *Balkan Erotic Epic*, que definió como un retorno a sus raíces balcánicas después de una vida en el extranjero. Un regreso a la tierra que la vio nacer y crecer hasta que en 1976 abandonó la antigua Yugoslavia, país que ella reconoce como su única patria.

Para Abramović, el concepto de tierra balcánica incluye, además de los antiguos estados yugoslavos, a Bulgaria, Rumanía, Albania y partes de Grecia y Turquía. Una unidad cultural que forma esta zona del sur de Europa.

Obsesión genial

Este regreso a los orígenes, a sus ochenta años, se manifiesta en *Balkan Erotic Epic* a través de la figura de la madre de la artista, el recuerdo del funeral del mariscal Tito como la muerte anunciada de Yugoslavia y la revisión de las tradiciones rurales ancestrales de los pueblos balcánicos, relacionadas con la agricultura, la ganadería y el amor conyugal, vinculadas a prácticas genitales.

Estas prácticas, que implicaban el uso del pene o la vagina para obtener beneficios agrícolas, climáticos o maritales, guían una parte importante de la obra, al menos en sus inicios, donde circulan falos gigantescos y bailarinas mostrando sus vaginas ante el público para ahuyentar a los dioses de la lluvia con supuestas danzas ancestrales.

La escena, una de las varias que componen *Balkan Erotic Epic*, resulta desconcertante e incoherente, alargándose durante veinte minutos de exhibicionismo innecesario. Este acto podría presagiar una noche decepcionante, especialmente cuando el personaje que dirige este tramo de la obra, una antropóloga flamenca que estudia las tradiciones balcánicas relacionadas con los genitales, resulta más cómico que empático. Logra que el desarrollo de la obra se parezca más a un programa televisivo de sábado noche que a una obra de arte.

Resurrección en torno a la muerte

Sin embargo, tras este bochorno, la obra remonta el vuelo y alcanza los niveles esperados en las siguientes escenas. Lo hace con la representación de la muerte, encarnada por un bailarín desnudo, inerte y llorado por su amada, rodeados ambos por otras parejas en la misma circunstancia. Se desarrolla una danza que evoca *La pietà* de Miguel Ángel y, seguidamente, el entierro de los restos de un eccehomo de gran belleza estética. La escena prosigue con una coreografía de lucha contra la idea de la muerte.

Tras este acto, regresa la antropóloga flamenca y presenta una escena de taberna balcánica donde una sobria funcionaria comunista se entrega a la lujuria con dos hombres en una danza frenética. Una suerte de venganza de Abramović hacia su madre, partisana y heroína nacional yugoslava, comunista estricta que jamás se permitió el cariño con la artista.

Superadas las escenas de taberna, la obra regresa a los planos más altos con las imágenes de un cementerio donde los danzantes bailan y hacen el amor con los esqueletos.

Superadas las escenas de taberna, la obra regresa a los planos más altos con las imágenes de un cementerio donde los danzantes, ahora de nuevo desnudos pero provistos de la dignidad de sus sugerentes danzas, casi reptilianas, bailan y hacen el amor con los esqueletos del camposanto: Abramović en estado puro. Una escena fascinante, hipnótica que pone en relieve el gran trabajo del coreógrafo albanés Blenard Azizaj.

También destaca el trabajo de Azizaj, junto con el del director de performance duracional inglés Billy Zaho y la directora asociada de la obra Georgine Maria-Magdalena Balk, en la que será casi la última escena de la obra, con danzantes vestidos con curiosos trajes blancos con una suerte de melenas nivales, capaces de danzar sobre la música que produce su propio zapateo en el escenario. Finalmente, cerrarán *Balkan Erotic Epic* unos enormes espantajos, a medio camino entre tótems mitológicos y personajes de entroido.

Al final, tras tres horas de abstracción en las fascinantes danzas que diseñan Balk, Zaho y Azizaj, la propuesta se hace corta y deja con ganas de más. Tal es el poder de Marina Abamović, que todavía, a sus 80 años, sigue siendo una fuente de energía e inspiración.