¿’Eso no puede pasar aquí’? Novelas distópicas que alertan sobre derivas autoritarias

¿'Eso no puede pasar aquí'? Novelas distópicas que alertan sobre derivas autoritarias
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¿’Eso no puede pasar aquí’? Novelas distópicas que alertan sobre derivas autoritarias

Una semana antes de las elecciones presidenciales de 1936 en Estados Unidos, una treintena de compañías de teatro estrenaron en 15 ciudades la obra *It Can’t Happen Here* (*Eso no puede pasar aquí*), basada en la novela homónima de Sinclair Lewis, publicada el año anterior. El propio autor, Premio Nobel de Literatura, adaptó su texto para la representación.

Según Lewis, la obra no era un acto de “propaganda, salvo a favor de la democracia americana, con todos sus defectos, y en contraste con la dictadura”.

*Eso no puede pasar aquí* es una crítica al autoritarismo encarnado por Buzz Windrip, un populista que gana las elecciones de 1936 con un discurso nacionalista, antisemita, xenófobo y con promesas de prosperidad que rápidamente se transforman en represión, detenciones arbitrarias y campos de concentración para disidentes.

Doremus Jessup, un periodista que dirige un diario de una pequeña ciudad de Vermont, el *Daily Informer*, se convierte en un símbolo de la resistencia. Windrip también ataca a los periodistas, acusándolos de conspirar para imponer sus mentiras. Uno de los primeros actos de represión en la novela es el asalto a la redacción del diario de Vermont tras la publicación de un editorial crítico con el nuevo presidente.

En la obra de teatro, las elecciones de 1936 fueron sustituidas por “en un futuro cercano -o nunca”. Lewis refutó las críticas de que su novela podría “incitar al desorden” en las elecciones, afirmando que “no es tan buena”.

Hitler, Mussolini y otros referentes

Lewis veía el peligro de Adolf Hitler y Benito Mussolini en Europa y reconocía su retórica en figuras locales. Para crear a Windrip, se inspiró en Huey Long, gobernador y senador de Luisiana, defensor de ideas autoritarias, y en Charles Coughlin, un radiopredicador antisemita. Long, Coughlin y Roosevelt aparecen en el libro mezclados con personajes de ficción.

La novela batió récords de ventas en Estados Unidos en los años 30, superando las 300.000 copias. En la última década ha estado entre los clásicos más vendidos, con un aumento significativo en 2016, tras la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales.

Un relato sobre lo que podría ser

“Un relato de lo que podría haber sido nos puede decir algo importante e incluso profundo sobre nosotros mismos”, escribe Cass Sunstein, catedrático de Derecho de la Universidad de Harvard, en *Can It Happen Here?*, una colección de ensayos sobre el autoritarismo en Estados Unidos publicada en 2018. “Lo que podría haber sido nos advierte: dentro de cada corazón humano, hay un fascista esperando salir”.

Durante las campañas de las elecciones de 2016 y 2020, la novela volvió en forma de obra, con una nueva adaptación del Berkeley Repertory Theatre. Desde las últimas elecciones presidenciales, la expresión que da título a la novela es parte habitual de la cultura pública.

“Uno de los peligros de la vida bajo un régimen autoritario es que el líder busca agotar la fuerza de las personas. El derrotismo se instala. Surge el impulso de retirarse de la vida cívica”, escribe David Remnick, director del *New Yorker*. La indiferencia llega acompañada del escepticismo de que no puede ser tan malo o que se trata de casos aislados contra unos pocos y tal vez culpables.

“Todo el mundo, incluyendo Doremus Jessup, había dicho en 1935: ‘Si hubiera una dictadura fascista aquí, el humor y la independencia pionera estadounidenses están tan marcadas que sería completamente diferente que en Europa’. Durante el primer año después de la victoria de Windrip, esto parecía verdad”, escribe Lewis en su novela.

¿Qué distopía se asemeja más a la realidad actual?

La figura de Windrip resulta familiar, al igual que la incredulidad de parte de la población ante los excesos de ciertos líderes. Sin embargo, las detenciones de congresistas, las ejecuciones en la calle, la huida de exiliados y los campos de concentración que retrata la novela parecían más propios de la Alemania nazi o la Unión Soviética que de Estados Unidos o la Unión Europea en el siglo XXI.

En cambio, *Un mundo feliz* de Aldous Huxley parecía más adecuada para describir la sociedad actual: una sociedad ensimismada en sus distracciones, desenganchada de la política y que permite excesos contra minorías mientras disfruta de una vida cómoda.

Sin embargo, los eventos del último año invitan a reevaluar qué distopía se puede parecer más a Estados Unidos. Incidentes como la muerte de un enfermero a manos de la policía migratoria, las restricciones a la libertad de expresión y la designación de rivales políticos y periodistas como “enemigos del pueblo” son ejemplos de lo que ha ocurrido recientemente. El miedo se expande.

El futuro es incierto y las preguntas sobre a qué se parecerá el país en los próximos años siguen abiertas.

La reacción en la ficción

Muchas de estas novelas distópicas se centran en la reacción de los ciudadanos ante los abusos, como *La conjura contra América* de Philip Roth, donde los vecinos se convierten en cómplices de la persecución de los judíos por instinto de supervivencia.

Otro dilema es qué hacer ante el autoritarismo, planteado en *Their*, una novela corta de Kay Dick. En la novela, una misteriosa autoridad manda asesinar y torturar a escritores, músicos y artistas. Los protagonistas resisten refugiándose en la belleza y la diferencia.

En otras distopías, no queda más que escapar de la guerra y la represión, como en *El cantar del profeta* de Paul Lynch. En *La parábola del sembrador* de Octavia Butler, la construcción de una nueva comunidad solidaria ante el colapso social y medioambiental ofrece cierta esperanza.

Uno de los temas centrales de *Eso no puede pasar aquí* es lo difícil que es cambiar de rumbo, incluso cuando el déspota ha desaparecido. “Incluso dos años y medio de despotismo no habían enseñado todavía humildad a los votantes”, escribe Sinclair Lewis. Pese al escepticismo, el escritor ofrece un hilo de esperanza. Siempre habrá “un Doremus Jessup”. O muchos.