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Europa ante el auge del “fascismo 2.0” y la necesidad de un nuevo club de países valientes
¿Podemos ya llamar fascismo a lo que estamos viviendo? Fascismo 2.0, tal vez, aquel con traje y corbata que anticipó Umberto Eco, pero fascismo al fin y al cabo. Los acontecimientos recientes apuntan en esa dirección.
El accionar de Trump: ¿un eco de la Gestapo y las SS?
Donald Trump no es solo un bocazas inofensivo; también muerde. En lo que va de 2026, ha secuestrado al líder de un país extranjero y ha desplegado contra su propio pueblo a la milicia ICE, una fuerza brutal con gatillo fácil e impunidad. Este “somatén contra inmigrantes” ha asesinado en Mineápolis a dos ciudadanos estadounidenses, Renee Nicole Good y Alex Pretti. ¿No recuerda esto a una versión contemporánea de la Gestapo o las SS?
El fin del orden mundial conocido
Es un canadiense, el exbanquero Mark Carney, quien advierte a los europeos que los tiempos han cambiado y que vivimos una ruptura del orden mundial similar a la que supusieron Hitler y Mussolini para la Sociedad de Naciones. Ya no estamos en el mundo del “amigo americano” y el lazo transatlántico. El autoritarismo de Trump tiene la transparencia de mostrar que la ley del más fuerte impera, con Estados Unidos actuando en su propio interés.
La necesidad de una Europa fuerte y unida
“La nostalgia no es una estrategia”, dijo Carney en Davos. Los líderes europeos deben entender que es hora de ocuparse de su propia defensa, desarrollar su industria tecnológica y buscar nuevos socios prioritarios como Canadá, Australia, India, Brasil y México.
También sería deseable una alianza con China (no un matrimonio) y un deshielo en la relación con Rusia, lo que implicaría un papel activo de Europa en un final realista para la guerra de Ucrania. Incluso en esto, Trump parece ir por delante.
Plantando cara al matón de la Casa Blanca
Los europeos deben plantar cara al “matón” de la Casa Blanca y mostrar los dientes. Las sonrisas de Ursula von der Leyen y la sumisión de Mark Rutte solo sirven para envalentonar a Trump, quien solo respeta a los fuertes, como Putin y Xi Jinping.
Europa tiene herramientas: puede imponer aranceles a productos estadounidenses, exigir que sus empresas paguen impuestos y respeten las normas de convivencia civilizada. Además, debe armarse con productos fabricados en su suelo y unificar ejércitos como los de Francia, Alemania o España.
Un nuevo club de países libres y valientes
Todo esto no puede hacerse a 27. La Unión Europea, tal como existe ahora, no es suficiente para navegar las aguas del siglo XXI. Incluye a demasiados “Quisling” y “Chamberlain”. Es hora de dejar la UE para asuntos económicos y crear un nuevo club de países libres y valientes.
La idea de una Europa a varias velocidades no es nueva. Tras la caída del Muro de Berlín, Mitterrand propuso una UE restringida a los socios anteriores a 1989 y una confederación más amplia que incluyera a los vecinos del Este. Sin embargo, impulsada por Estados Unidos, se impuso la ampliación de la UE y la OTAN hasta las fronteras de Rusia.
Como escribe Andrés Ortega, “Europa no puede avanzar a la velocidad del más lento”. La única manera de superar los frenos es “acelerando entre los que quieren y pueden, construyendo una Tercera Europa”. La movilización para enviar tropas a Groenlandia, con Francia, Alemania, Países Bajos y otros cinco, podría ser una pista de esa posible Tercera Europa.
El objetivo no es llegar a las manos con Estados Unidos por Groenlandia ni con Rusia por Ucrania, sino lograr que la Europa a la que España se unió hace cuarenta años como un espacio de paz, libertades y derechos sociales, sea respetada, y si es necesario, temida.