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Fuerte oposición vecinal a la planta de biogás en Huesca por riesgos ambientales y sanitarios
Vecinos de Loporzano, Tierz y Quicena, en la provincia de Huesca, han manifestado su enérgica oposición a la construcción de una planta de biogás proyectada por la empresa Catalana de Biogás, vinculada a fondos de inversión del Banco Sabadell. La instalación, destinada a procesar 95.000 toneladas anuales de purines y residuos cárnicos, se encuentra actualmente en tramitación ante el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA).
Preocupación por el impacto ambiental y la salud
La magnitud del proyecto ha generado gran inquietud en la comunidad, que considera la planta incompatible con el entorno rural, el patrimonio histórico y las áreas naturales de la zona. Los vecinos denuncian que la planta, presentada por la empresa como de tamaño pequeño-medio, es en realidad una de las mayores previstas en la provincia, y alertan sobre los potenciales riesgos sanitarios y ambientales que conlleva.
La ubicación de la planta, a menos de cinco kilómetros de Huesca y muy cerca de núcleos urbanos y lugares de interés cultural como el Castillo de Montearagón, es uno de los principales motivos de preocupación. Los vecinos temen la emisión de gases nocivos como amoniaco y ácido sulfhídrico, la contaminación de acuíferos por nitratos y el aumento del tráfico pesado, que afectarán la calidad del aire, el agua y la vida cotidiana.
“Greenwashing” y falta de demanda real
El movimiento vecinal acusa a la empresa de “greenwashing”, al presentar el proyecto como una solución ecológica y de proximidad. Según los colectivos, Loporzano ya gestiona sus residuos ganaderos y orgánicos mediante acuerdos existentes, lo que cuestiona la necesidad de una infraestructura de esta envergadura. Argumentan que el proyecto responde a un modelo extractivo diseñado para absorber residuos de fuera y garantizar la rentabilidad de la planta, convirtiendo el entorno en un “vertedero industrial”.
La proximidad al Castillo de Montearagón, un importante referente patrimonial, genera también preocupación por el impacto visual y paisajístico. Los vecinos señalan que las instalaciones industriales transformarán el paisaje y afectarán la forma en que se disfruta del legado histórico.
Rechazo al modelo industrial y defensa del territorio
El proyecto se sitúa en un corredor natural clave para la biodiversidad, especialmente para aves rapaces, lo que podría afectar el turismo de naturaleza y observación de aves. La plataforma vecinal exige transparencia y participación en el proceso de tramitación, y rechaza el procedimiento ambiental simplificado al considerarlo insuficiente para evaluar los impactos de una planta industrial de estas dimensiones.
Mientras esperan la apertura del periodo de información pública, los vecinos han iniciado una campaña de movilización y exigen al Ayuntamiento de Loporzano que no firme la declaración de interés social. Se coordinan con la plataforma Stop Biogás Somontano para frenar este tipo de macroinstalaciones que, según advierten, amenazan con colonizar el territorio.
Posturas encontradas
El alcalde de Loporzano, David Suelves, ha declinado hacer declaraciones, pero defiende los beneficios económicos que el proyecto podría traer al municipio. Por su parte, la empresa Catalana de Biogás asegura que mantiene un “compromiso firme con el territorio” y que su voluntad es desarrollar el proyecto desde la transparencia y la pedagogía, insistiendo en que las plantas modernas cuentan con garantías técnicas y ambientales suficientes.
Los vecinos, sin embargo, no comparten este diagnóstico y afirman que defender el territorio implica también proteger la salud de quienes lo habitan. “No estamos en contra de las energías renovables, estamos en contra de que se utilicen como coartada para imponer un modelo industrial que sacrifica el territorio y la salud de quienes vivimos aquí”, concluyen.













