Impactante testimonio del párroco de Adamuz tras el accidente de tren: “Una noche de caos, dolor y generosidad

Impactante testimonio del párroco de Adamuz tras el accidente de tren: "Una noche de caos, dolor y generosidad
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Impactante testimonio del párroco de Adamuz tras el accidente de tren: “Una noche de caos, dolor y generosidad

El padre Rafael Prados, párroco de Adamuz, Córdoba, relató en detalle la conmovedora experiencia que vivió durante la noche del trágico accidente ferroviario en su localidad. En una entrevista, el sacerdote describió una atmósfera de caos y sufrimiento, pero también destacó la inmensa solidaridad y fe demostrada por los pasajeros y los vecinos del pueblo.

La alerta inesperada y la respuesta inicial

La noche del accidente transcurría con normalidad para el padre Prados. Mientras esperaba la cena, un repartidor le alertó sobre el siniestro. “Fue este chico quien me avisó de que encendiera la televisión y viera lo que estaba pasando, aunque al principio no éramos conscientes de la magnitud del accidente”, explicó el párroco.

Ante el acordonamiento de la zona, se dirigió a un centro de triaje improvisado.

Un refugio improvisado y la reacción comunitaria

En una caseta y una nave cedida por la Virgen del Sol, el padre Prados y otros voluntarios recibieron a los pasajeros que no requerían atención médica inmediata. Los heridos llegaban “confusos, desorientados”, según describió el sacerdote. La comunidad respondió de inmediato. “Nos dimos cuenta de que faltaban sillas y agua, así que salimos a buscar todo lo que pudiéramos necesitar”, añadió.

La generosidad en medio de la tragedia

La solidaridad fue la nota predominante.

El padre Prados, visiblemente emocionado, recordó actos de generosidad conmovedores. “Muchos de los heridos se negaban a ser atendidos para no quitarle el lugar a alguien más grave”, destacó. Incluso un niño, después de recibir un plátano y unas galletas, quiso devolver la fruta “por si le hacía falta a otra persona”.

El traslado de los pasajeros y el encuentro con Cristina

Mientras los voluntarios se esforzaban por consolar y atender a los afectados, Renfe e Irio organizaron autobuses para trasladar a los viajeros a sus destinos, como Madrid y Huelva, en una operación coordinada por la Guardia Civil. Uno de los momentos más difíciles para el padre Prados fue su encuentro con Cristina, una niña que describió “con cara de pena y angustia”.

Intentó animarla, pero sin éxito. “La niña no levantaba la vista del suelo, solo me decía que no, que no quería nada”, recordó.

La devastadora verdad y el impacto en la comunidad

Días después, el sacerdote conoció la terrible verdad: la niña había perdido a su padre, su madre, su hermano y su primo en el accidente. En un acto de supervivencia, la pequeña logró salir del vagón por una grieta. Sus primeras palabras a los agentes de la Guardia Civil fueron: “Mi padre y mi madre han muerto”.

El impacto de la tragedia ha sido profundo en la comunidad. Durante su homilía, el padre Prados elogió la respuesta ejemplar del pueblo, comparándola con la llamada de los apóstoles. “Les dije que ellos, al igual que los apóstoles, habían sido llamados por el señor”, concluyó.

Un pueblo que actuó como Cristo

El sacerdote afirmó que, aunque pueda parecer extraño, felicitó a sus feligreses por su reacción. “Es precisamente en esos momentos cuando, sin dudarlo, te sale del corazón actuar como el mismo Cristo”, manifestó, añadiendo que esa noche se vio una clara demostración de que en sus corazones “latía de verdad la fe”.

El párroco finalizó su intervención reafirmando su compromiso: “La tarea del sacerdote es estar junto a su pueblo y ser la imagen de Cristo, buen pastor”.