Jeffrey Epstein y la impunidad de los poderosos: Diez conclusiones tras la publicación de los archivos

Jeffrey Epstein y la impunidad de los poderosos: Diez conclusiones tras la publicación de los archivos
Imagen de archivo: https://www.eldiario.es/

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

Jeffrey Epstein y la impunidad de los poderosos: Diez conclusiones tras la publicación de los archivos

En 2010, una relaciones públicas invitó a la periodista Tina Brown, ex directora de Vanity Fair y The New Yorker, a una cena con el príncipe Andrés de Inglaterra organizada por Jeffrey Epstein y a la que también asistiría Woody Allen. La respuesta de Brown fue de indignación, rechazando la invitación con un exabrupto.

Sin embargo, Brown fue una excepción. Existía una amplia red de miembros de las élites políticas, financieras, científicas y culturales que aceptaban las invitaciones de Epstein sin ningún reparo, a pesar de que ya figuraba en el registro de delincuentes sexuales de Nueva York desde hacía dos años.

El dinero y la protección de las élites

Es una acusación común que los poderosos se protegen entre ellos, una idea que a menudo se escucha en sectores marginados de la sociedad. En el caso de Epstein, esta acusación se convirtió en un axioma. Ni siquiera una condena por delitos sexuales lo convirtió en un paria social.

El dinero le protegía, pero no era solo eso. Ser invitado a su mansión en Nueva York o a su residencia en las Islas Vírgenes era un símbolo de estatus muy codiciado. Para aquellos que aspiran a formar parte de la élite, las cuestiones morales son prescindibles.

Todos esos invitados miraban hacia otro lado, acostumbrados a hacerlo. Era el precio para formar parte de la élite o aparentarlo. Ahora, muchos niegan haberle conocido bien o visitado su isla, pero los emails difundidos por el Departamento de Justicia demuestran lo contrario.

El senador demócrata Bernie Sanders señaló que el interés generalizado en el caso Epstein, más allá de los delitos sexuales, reside en la creciente sensación de que un pequeño grupo de personas muy ricas y poderosas se creen por encima de la ley.

Cómplices de una red de horrores

Anand Giridharadas, en The New York Times, describió las cosas que había que ignorar para obtener acceso a ese mundo: los desastres financieros, las guerras, la crisis de sobredosis, los monopolios, la desigualdad, la crisis de vivienda y las tecnologías peligrosas. Todos eran cómplices, algunos incluso copartícipes, de estas problemáticas.

Las reglas que rigen la vida de los mortales no se aplicaban a Epstein y sus amigos. Algunos podían disfrutar de la transgresión de mantener relaciones sexuales con mujeres, adultas o menores, en lo que debería considerarse trata de personas. Epstein se encargaba de traerlas desde países de Europa del Este o países pobres, considerando el cuerpo de las mujeres a su disposición.

Los comentarios ofensivos sobre las mujeres abundan en los emails que han salido a la luz, reflejando las conversaciones que mantenían con Epstein, sabiendo que contaban con un interlocutor dispuesto a celebrar esas obscenidades.

Martin Nowak, profesor de biología de Harvard, llegó a preguntar por “la espía” y si la había “torturado”. Años antes, se había disculpado con Ghislaine Maxwell, colaboradora de Epstein, por un incidente, afirmando estar “muy contento de no haber matado a nadie”.

Asesoramiento para limpiar su imagen

En 2018, Steve Bannon, ex consejero de Donald Trump, le dio consejos sobre cómo mejorar su imagen pública. Le preguntó si alguna de las chicas podría testificar a su favor, y Epstein respondió que podría obligarlas a hacer una declaración grabada en vídeo. Bannon propuso crear “EL mayor centro de investigación sobre trata de seres humanos, prostitución infantil, etc.”.

Lawrence Krauss, profesor de Física en la universidad de Arizona, aprovechó una comunicación sobre una conferencia sobre liderazgo femenino para hablar de una mujer que le había acusado de maltrato, refiriéndose a ella despectivamente.

Es posible que algunos asumieran que Epstein pagaba a las chicas, por lo que no tenían derecho a quejarse de nada, considerándolas cuerpos de los que disfrutar.

Paralelismos con teorías conspirativas

La existencia de una red de hombres poderosos que controlan una red internacional de pedofilia es una obsesión recurrente de las teorías de conspiración en EEUU, como la conspiración de Qanon y Pizzagate. La paradoja es que las revelaciones sobre Epstein se acercan a esa ficción, con la diferencia de que el millonario actuaba por sus propios intereses y contaba con el apoyo de personas de diversas ideologías.

Personas como el ultraconservador Bannon o el intelectual de izquierdas Noam Chomsky no tenían problemas en apoyarle o aconsejarle. Chomsky le recomendó ignorar las críticas, especialmente con la “histeria que se ha desatado sobre el abuso de mujeres”. Vijay Prashad, coautor de libros con Chomsky, expresó su decepción por la relación de su colega con Epstein.

Donald Trump era un gran amigo de Epstein, con quien compartía intereses. Elon Musk también se comunicó con Epstein en relación a una visita a su isla, preguntando por la fiesta “más salvaje”.

Como financiero, Epstein recibía información confidencial de Peter Mandelson sobre política británica y acuerdos europeos. Como partidario de Israel, escuchaba al ex primer ministro Ehud Barak sobre cómo aumentar la población del país con rusos para someter a los palestinos. Como interesado en la ciencia, escuchaba ideas racistas de expertos.

Joscha Bach, experto en Inteligencia Artificial, le escribió que “quizá el cambio climático sea una buena forma de afrontar la superpoblación”. Con Peter Thiel, fantaseaba sobre las oportunidades de inversión que supondría el colapso de EEUU y el “regreso del tribalismo”.

Epstein se describió a sí mismo como “el gato de Schrödinger, un hombre deplorable y al mismo tiempo un miembro de la élite hasta que alguien abra la caja”. Esa caja se abrió en 2019, pero ya era demasiado tarde para todas las mujeres a las que torturó.