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La Ciudad de las Luces Muertas: Una Crítica
Es fundamental que la crítica de una novela se centre en la obra en sí misma. Sin embargo, en el caso de “La ciudad de las luces muertas” de David Uclés, ganadora del premio Nadal, la novela se percibe como literariamente superficial.
El autor parece haber renunciado a construir una obra con la estructura que tal galardón exigiría, optando por una sucesión de escenas con un desfile de ochenta personajes, entre escritores, artistas e intelectuales.
Un Enfoque Fragmentado
Los personajes, pertenecientes a diferentes épocas, están unidos por su relación, más o menos tenue, con Barcelona, reflejando el apoyo de la Fundación Montserrat Roig. El mecanismo narrativo recuerda a “Medianoche en París” de Woody Allen, donde un joven viaja a través del tiempo conociendo figuras célebres.
Sin embargo, lo que en Allen es una propuesta creativa, en Uclés se siente como una oportunidad desperdiciada.
Mientras que su anterior novela, “Península de las casas vacías”, recibió elogios por su dominio del lenguaje y las imágenes al narrar la Guerra Civil, “La ciudad de las luces muertas” parece una evasión, refugiándose en homenajes a figuras notables con características estereotipadas.
Personajes y Anacronismos
La novela presenta una continuidad a través de Carmen Laforet, una joven universitaria que vive en la calle Aribau. Sin embargo, se producen anacronismos, como un encuentro entre Carmen y Julio Cortázar en 1941, donde hablan de La Maga, un personaje que aún no había sido creado.
También se incluyen personajes como Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, este último sometido a un trasplante de corazón poco convencional.
Ideología y Representación
La novela presenta una perspectiva ideológica particular, llegando a situar a María Cristina como reina consorte de Iberia. Cuestionablemente, Mario Vargas Llosa es juzgado por su ideología, mientras que la representación de la homosexualidad de Jean Genet y Terenci Moix se reduce a estereotipos.
Momentos de Brillo Aislados
El capítulo dedicado a Montserrat Roig y Mercè Rodoreda destaca por su prosa e imágenes inspiradas, generando la pregunta de por qué un capítulo de tal calidad se encuentra en una novela que raramente alcanza ese nivel literario.
La ausencia de figuras como Marsé, Gimferrer y Joan Margarit podría considerarse una suerte, dado el tratamiento de otros personajes en la obra.













