
Un reciente descubrimiento ha puesto de manifiesto el poder transformador de la música como una increíble ayuda para los niños que padecen algún tipo de trastorno del lenguaje. La autora de este hallazgo es Manuela del Caño, doctora en neurociencias y cantante de lírica, quien ha compartido los detalles de su proyecto en una entrevista con Pilar García de la Granja en el programa ‘Mediodía COPE’.
El estudio, que se ha prolongado durante ocho meses con jóvenes de entre 7 y 18 años con necesidades especiales, concluye que el elemento más importante no es solo la escucha.
Según la experta, la clave reside en la participación activa: “Lo que sí es muy importante es hacer música. No vale solo escuchar música, hay que hacerla”, ha afirmado Del Caño.
Para llegar a esta conclusión, Del Caño explica que expusieron a los participantes a pequeños fragmentos auditivos y, posteriormente, la misma grabación invertida.
Esta técnica permitía mantener los parámetros sonoros del estímulo, pero eliminando por completo su sentido, demostrando que la creación musical activa es fundamental. Hacer ritmos, coordinarse con otros, tocar un instrumento o cantar son acciones decisivas en el proceso.
La investigación también desmitifica la idea de que un solo tipo de música es beneficioso.
Manuela del Caño tuvo muy en cuenta los gustos de cada participante y sostiene que cada estilo tiene su función. “Realmente vale cualquier música si se sabe utilizar bien”, asegura.
Por ejemplo, la música electrónica puede ser útil para trabajar el pulso y el ritmo estable.
Los resultados científicos avalan la eficacia de esta metodología, y la neurocientífica expresa su deseo de que se implemente a mayor escala. “Ojalá se pueda exportar esta metodología y estos resultados que tenemos a todos los coles”, ha comentado, subrayando que sus beneficios no se limitan a niños con problemas del desarrollo, sino que son “igualmente buenos” para cualquier menor en etapa de aprendizaje del lenguaje.
Este descubrimiento se suma a otros beneficios ya conocidos de la música, como su efecto tranquilizador, su capacidad para mitigar el dolor y su influencia positiva en el estado de ánimo.
La ciencia, como demuestra este estudio, sigue encontrando aplicaciones prácticas para mejorar la calidad de vida de las personas, a la espera de una mayor inversión que permita ampliar el alcance de estas iniciativas.













