La retirada de la denuncia contra Errejón: verdades incómodas

La retirada de la denuncia contra Errejón: verdades incómodas
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La retirada de la denuncia contra Errejón: verdades incómodas

La reciente retirada de la denuncia por abuso sexual contra Íñigo Errejón por parte de Elisa Mouliaá obliga a reflexionar sobre las verdades incómodas que rodean este caso, un año después de que se desatara la polémica.

La inocencia de Íñigo Errejón

La primera verdad que emerge es la inocencia de Íñigo Errejón. Si bien la presunción de inocencia es un derecho fundamental, la ausencia de denuncias o acusaciones tras la retirada de la de Mouliaá refuerza esta condición.

Un “linchamiento” mediático

Contrariamente a lo que algunos puedan pensar, el “caso Errejón” no surgió de una investigación periodística rigurosa. Más bien, se alimentó de denuncias anónimas en redes sociales, testimonios de Mouliaá y una avalancha de comentarios que daban por sentado que Errejón ocultaba una faceta oscura. Esta situación, según Santiago Alba Rico, constituyó un “linchamiento”, una condena pública sin posibilidad de rehabilitación.

La política como representación

Otro aspecto relevante es la percepción pública de Íñigo Errejón. La imagen que había cultivado durante años era incompatible con la admisión pública de estar en tratamiento por adicción a las drogas. Esto revela una verdad incómoda: la política es, en parte, una representación, un teatro donde los actores interpretan roles.

Esta exigencia de perfección irreal en los representantes políticos conduce a la decepción cuando estos no cumplen con las expectativas. Se les exige ser seres sobrenaturales, sin frustraciones ni debilidades, para luego criticarlos cuando no están a la altura.

La búsqueda de la verdad y la justicia

Ante sospechas y acusaciones sin respaldo judicial o periodístico, la clave reside en no juzgar fuera de un sistema de justicia. Como en el pasaje bíblico de María Magdalena, no se trata de absolver o relativizar la ley, sino de negarse a juzgar sin garantías ni reglas comunes. La verdad requiere un método para ser alcanzada, y este método es infinitamente mejor que la alternativa del linchamiento público.

Aprender a vivir sin certezas absolutas sobre cada caso es un desafío de nuestro tiempo. No significa renunciar a la ley, sino aceptar que no todo puede ser juzgado por nosotros y que algunas verdades solo pueden alcanzarse a través de un sistema legal. En una era de desinformación, la madurez implica tolerar la incomodidad de no saber y defender la presunción de inocencia y la ley.