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Lecciones de Minneapolis: Humanismo y Resistencia ante la Tiranía
La valentía y el humanismo demostrados por los ciudadanos de Minneapolis ante las políticas migratorias despiadadas han generado una profunda reflexión sobre la capacidad de respuesta de la sociedad española en situaciones similares.
¿Qué haríamos en España?
Las imágenes de ciudadanos estadounidenses blancos interponiéndose entre agentes del ICE y sus vecinos inmigrantes, recogiendo a los hijos de solicitantes de asilo y proveyéndoles de alimentos, patrullando con silbatos y móviles en zonas de riesgo, contrastan con ciertas reacciones observadas en España.
La resistencia de algunos vecinos de Badalona al realojo de personas desalojadas, o las protestas contra la apertura de centros de acogida para menores migrantes, no invitan precisamente al optimismo. Surge la pregunta: ¿Cambiaría la actitud de los españoles si vieran a agentes encapuchados secuestrando inmigrantes en la calle? ¿Arriesgarían su comodidad por defender a niños detenidos?
Crisis de Identidad y Valores
Estados Unidos atraviesa una crisis profunda de identidad y valores, un fenómeno que también se observa en Europa, donde la ultraderecha populista ha ganado terreno en los últimos años.
La creencia en la prosperidad duradera a través del Estado del bienestar se desmorona, generando una pérdida de fe en la comunidad y dificultando el diálogo constructivo. La política y la vida parecen regirse por la ley del más fuerte, la coerción y la crueldad.
Resistencia y Humanismo en Minneapolis
Frente a esta realidad, los habitantes de Minneapolis han optado por el humanismo y la empatía. Han elegido la disidencia, combatiendo la tiranía y superando la polarización a través de acciones concretas que benefician a sus vecinos.
Estos gestos humanitarios incluyen llenar la nevera de un vecino aterrorizado por la deportación, llevar a su hijo al colegio, crear redes de apoyo para menores cuyos padres han sido detenidos, usar pegatinas con la bandera mexicana para confundir a las patrullas antiinmigración, comprar silbatos y máscaras para protegerse del gas pimienta, llamar a padres tras las redadas y regalar ordenadores a estudiantes para que puedan estudiar desde casa.
Ojalá no sea necesario replicar estas acciones en España. Pero, si lo fuera, ojalá la sociedad esté a la altura de las circunstancias.













