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Livia Drusila: La mujer que dominó Roma durante medio siglo
En la rica historia del Imperio Romano, pocas figuras femeninas alcanzaron el poder y la influencia de Livia Drusila. Tercera y última esposa del emperador Augusto, Livia desempeñó un papel crucial en la consolidación y perpetuación de uno de los imperios más grandes de la historia. Madre del emperador Tiberio, abuela de Claudio, bisabuela de Calígula y tatarabuela de Nerón, Livia aseguró la continuidad de la dinastía Julio-Claudia.
La imagen de Livia a menudo se ha distorsionado a lo largo del tiempo. Obras como “Yo, Claudio” de Robert Graves la retrataron como una mujer manipuladora y ambiciosa, dispuesta a todo para que su hijo Tiberio ascendiera al trono, incluso recurriendo al envenenamiento y al asesinato.
Sin embargo, producciones más recientes, como la serie “Domina” (2021), han buscado reivindicar su figura, presentándola como una mujer fuerte y decidida que luchó por sobrevivir en un mundo dominado por hombres.
“Como líder en la defensa de los derechos de las mujeres, fue una mujer dura, temida y a la vez querida, lo suficientemente fuerte como para sellar el destino del Imperio Romano”, declaró la actriz Kasia Smutniak, quien interpretó a Livia en la serie. Algunos historiadores señalan que la mala reputación de Livia es en gran medida una construcción moderna, ya que gozó de una imagen positiva en el Imperio, incluso después del declive de la dinastía Julio-Claudia.
La ambición de asegurar la sucesión familiar
Los primeros años de vida de Livia son poco conocidos. Se cree que nació el 30 de enero del año 58 o 59 a.C., probablemente en Roma. Antes de su matrimonio con Augusto, Livia estaba casada con Tiberio Claudio Nerón, miembro de la prestigiosa gens Claudia.
Cuando Augusto la conoció, quedó prendado de su belleza e inteligencia y decidió convertirla en su esposa. Este fue el tercer matrimonio para el emperador.
La influencia de Livia sobre Augusto fue innegable. Logró que el emperador excluyera a sus propios herederos en favor de los hijos que Livia había tenido con su primer marido: Nerón y Tiberio. De esta manera, Livia no solo aseguró la sucesión imperial a su familia, sino que también consolidó su propio poder dentro del Imperio.
En su testamento, Augusto legó la mayor parte de su herencia a Livia, a quien adoptó y le otorgó el título de Augusta.
Para aquellos interesados en saber más sobre Livia, el Museo Arqueológico Nacional de Madrid alberga una escultura de la emperatriz, datada entre los años 14 y 19, que fue encontrada en la ciudad italiana de Paestum junto a la efigie de su hijo Tiberio, el segundo emperador romano.













