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LO QUE PASA EN ARAGÓN NO SE QUEDA EN ARAGÓN
Las elecciones autonómicas no se explican únicamente en clave regional. Son un reflejo del clima político nacional y un anticipo de la batalla por la Moncloa, como ya se vio en Extremadura.
Aunque aún no hay fecha para las elecciones generales, el ciclo de autonómicas funciona como un aperitivo. La pregunta clave es: ¿qué nos dicen estas elecciones sobre la futura lucha por la Moncloa?
El peso del clima político nacional
Los resultados de las autonómicas reflejan el clima político nacional. A pesar de que nos gustaría pensar que los votantes eligen a sus representantes regionales basándose en la gestión autonómica, la realidad es que las dinámicas políticas nacionales tienen un gran peso.
Las elecciones autonómicas rara vez son independientes, sino que están condicionadas por dinámicas políticas más amplias, que trascienden el ámbito regional y se conectan directamente con la competencia estatal.
En 2019, la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa benefició a los gobiernos del PSOE y perjudicó a los del PP. Este patrón se repitió en distintas comunidades, lo que sugiere que no se debió a factores regionales específicos, sino a una dinámica nacional común.
En 2023, el patrón se invirtió, con los gobiernos socialistas sufriendo pérdidas y el PP beneficiándose de un clima político nacional más favorable. Ambos años coinciden con momentos diferenciados del ciclo político nacional: un arranque de legislatura con impulso del PSOE en 2019 y un contexto de desgaste del gobierno central en 2023.
En 2019, los gobiernos autonómicos del PSOE obtuvieron resultados muy positivos. Cuatro años después, en 2023, muchos de esos mismos gobiernos cosecharon resultados desastrosos.
Es difícil explicar un cambio tan brusco basándose únicamente en claves regionales. ¿De verdad el PSOE contaba en 2019 con excelentes élites autonómicas en casi toda España, y en 2023 falló de manera generalizada en la selección de sus dirigentes?
La explicación basada en la calidad cíclica de los líderes regionales no es convincente. Es poco creíble que decenas de gobiernos autonómicos mejoren o empeoren a la vez por razones estrictamente regionales, como si los partidos atravesaran ciclos sincronizados de buen o mal reclutamiento político.
Los dirigentes autonómicos no se transforman de forma coordinada de buenos a malos gobernantes en tan poco tiempo. Pensar que todo se debe a un problema de recursos humanos de los partidos es, sencillamente, poco creíble.
Arrastrados por dinámicas nacionales
La explicación más evidente es que los gobiernos autonómicos acaban arrastrados por las dinámicas nacionales. Los esfuerzos por ser buenos gobernantes pueden ser insuficientes si no hay un clima político nacional favorable.
Por eso, líderes autonómicos y alcaldes presionan para que la marca del partido a nivel nacional no se deteriore. Saben que su futuro político depende en gran medida de ello. En la situación actual, la reacción racional de un dirigente socialista autonómico sería reclamar un cambio de ciclo a nivel nacional mediante un adelanto electoral, para evitar verse arrastrado por el desgaste del Gobierno de Pedro Sánchez.
En 2019 al PP le fue mal con independencia de si gobernaba o no, y en 2023 ocurre exactamente lo mismo con el PSOE. La suerte electoral en las elecciones autonómicas no depende de estar en el gobierno regional o en la oposición; en ambos casos, los partidos acaban siendo arrastrados por el clima político nacional.
El efecto contagio y la protección del gobierno
Existe un matiz importante: aunque en todas las comunidades autónomas los partidos sufren un efecto contagio, quienes están en la oposición tienden a cosechar castigos más severos que quienes gobiernan. Parece que estar en el gobierno ofrece cierta protección parcial frente al desgaste nacional.
Este hecho es interesante para interpretar los resultados electorales. Tanto en Extremadura como (previsiblemente) en Aragón se están observando castigos muy severos al PSOE. Esto indica que el PSOE atraviesa una crisis general importante. Sin embargo, en esas dos comunidades el PSOE estaba en la oposición, por lo que lo que se está viendo podría ser una versión extrema del desgaste que sufre hoy el PSOE a nivel nacional.
Conclusión
En definitiva, las elecciones autonómicas deben ser interpretadas como un termómetro de la situación política nacional. Aragón no vota solo sobre Aragón: vota, una vez más, sobre la Moncloa.













