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Madrid se moviliza en defensa de la Cañada Real: “La vida se defiende, el territorio no se desaloja
Cientos de personas se manifestaron en Madrid para reivindicar el derecho a la vivienda digna y el territorio para los habitantes de la Cañada Real, frente a los desalojos forzosos provocados por proyectos urbanísticos. La manifestación, arropada por decenas de colectivos de la capital, partió desde la estación de Metro de Valdecarros, en Vallecas, hasta el Sector 6 de la Cañada Real.
“Cañada se queda. La vida se defiende. El territorio no se desaloja”, fue la consigna principal de la protesta, que buscó visibilizar la situación de las familias que viven en la Cañada Real y denunciar la especulación inmobiliaria en la zona.
Una marcha por la dignidad y el territorio
Alrededor de 1.500 personas, según los organizadores, se congregaron en Valdecarros convocadas por Tabadol, la PAH Vallekas y La Laboratoria. Los cánticos no tardaron en escucharse: “Despierta, vecina, Cañada se queda”, “el suelo es vida, el suelo no es negocio” y “nuestras abuelas también fueron ocupas” resonaron a lo largo del recorrido.
Houda Akrikez Essatty, presidenta y fundadora de la Asociación Cultural Tabadol, encabezó la marcha con una pancarta con el lema “Cañada se queda” escrito en árabe, castellano, romaní y caló. “Estamos aquí para impedir que continúe el derribo de nuestras casas, al que nos vemos avocadas sin diálogo ni alternativa”, señaló Akrikez.
La Cañada Real: un barrio de Madrid
Akrikez, de 38 años, afirmó que ocupar la Cañada significa tomar el testigo de una larga tradición de autoconstrucción de viviendas en Madrid. “Queremos proteger nuestro territorio y defenderlo”, aseveró.
Los manifestantes recorrieron el mismo camino que los vecinos de la Cañada Real deben transitar a diario, sorteando el barro y los desechos que bordean la vía. La marcha se retrasó debido a una escombrera improvisada que obligó a los participantes a avanzar en fila individual.
Suspensiones cautelares de los derribos
La lucha por la vivienda en la Cañada Real no es nueva. “Llevamos aquí décadas y durante muchos años hemos estado resistiendo a las diferentes formas de acoso institucional”, denunció Akrikez, refiriéndose a la gestión del Ayuntamiento de Madrid y Rivas-Vaciamadrid en el Sector 6.
Según Akrikez, el último censo realizado en 2016 contabilizó unas 2.500 personas en la Cañada Real, de las cuales 1.500 eran menores. Tras recurrir el inicio del procedimiento para los derribos, la justicia ha dictado algunas suspensiones cautelares de las demoliciones, al considerar las viviendas “domicilios habituales de las demandantes”, cuyo derribo ocasionaría un “perjuicio irreparable”.
Las demandas de la protesta
Akrikez enumeró las tres principales demandas de la protesta: el cese de las amenazas de derribo y la paralización de las demoliciones; la apertura de un proceso real de diálogo directo con los vecinos; y el reconocimiento del derecho al territorio de los vecinos de la Cañada Real. “Porque sin vivienda digna no hay ningún derecho garantizado”, enfatizó.
Una estrategia urbanística
Sonia García, portavoz de la PAH Vallekas, recordó que la Cañada Real es otro de los tantos barrios que nacieron en Madrid durante los años del desarrollismo franquista. “El componente de origen de las personas que viven en la Cañada tiene mucho que ver con que no se hayan regularizado sus viviendas como sí sucedió con otros barrios autoconstruidos en Madrid”, denunció.
García afirmó que hace unos 20 años comenzaron los intentos de invisibilizar y desalojar la Cañada. “Los ayuntamientos y promotores vieron la posibilidad de crecer hacia el sureste, por eso estos terrenos son tan codiciados”, aseveró.
Una comunidad de apoyo mutuo
Marta Malo, portavoz de La Laboratoria, señaló que la Cañada Real recuerda el pasado de Vallecas. “Si todo sigue será algo negativo, debido a la especulación sin freno que cada vez obliga a más personas a la autoconstrucción de sus viviendas, pero también positivo, cuando vemos que lugares así resisten y cooperan frente a esta dinámica de expulsión permanente”, explicó.
Malo criticó la política de realojos en alquileres sociales, ya que “cuando estás en una situación de mucha precariedad y te meten en un piso durante seis meses, aunque sea barato, te separan de la Cañada, donde sí hay una comunidad que te permite cierto apoyo mutuo”.
Marchar por el derecho a tener derechos
La protesta culminó con la lectura de un comunicado en el que se reivindicó el derecho a la vivienda, al territorio y a la rabia como respuesta legítima ante la expulsión. “Defender nuestras casas es defender nuestra dignidad. Y no vamos a permitir que nos sigan expulsando del lugar donde vivimos. Por eso decimos alto y claro: Cañada se queda”, expresaron en el comunicado.
“Derribar viviendas no es una solución. Desalojar familias no es política social. Desplazar comunidades no es progreso”, criticaron.
El comunicado finalizó con un mensaje contundente: “Porque la vivienda digna es la puerta de entrada a todos los derechos, y cuando se derriba una casa, se intenta derribar una vida entera. Y lo decimos hoy con más claridad y fuerza que nunca: Cañada se queda. La vida se defiende. El territorio no se desaloja”.













