Más difícil que unir a la izquierda: revertir el desánimo de sus votantes

Más difícil que unir a la izquierda: revertir el desánimo de sus votantes
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Más difícil que unir a la izquierda: revertir el desánimo de sus votantes

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La enésima refundación de la izquierda. Más de lo mismo. Otra sopa de letras. Una película repetida, un remake. Unidas Podemos, Sumar, a ver qué nombre le ponen ahora. La misma moto usada. Primero como tragedia, después como farsa. ¿Y así van a defendernos del fascismo? Menos ego y más calle. ¿Y Podemos, qué?

Si eres votante de izquierda y te reconoces en estas frases, el problema no lo tienen las fuerzas de izquierda: el problema lo tienes tú. Estas frases no provienen de tertulias derechistas ni de grupos de WhatsApp. Se escuchan y se leen en gente que se dice votante de izquierda. La desconfianza, el cansancio, el escepticismo, el derrotismo, el fatalismo, las viejas heridas y hasta un poco de cinismo se han apoderado del ánimo colectivo.

El estado de ánimo de la izquierda

Si la política es un estado de ánimo, el de los votantes de izquierda oscila entre la ansiedad y la depresión. Vemos venir el próximo gobierno de PP-Vox como algo inevitable. Damos por perdida la batalla antes de empezarla, y eso se convierte en profecía autocumplida: si pensamos que no hay nada que hacer, no haremos nada.

Pero no hay que rendirse. La primera reacción ante estos movimientos en la izquierda puede ser desconfianza, cansancio, escepticismo, fatalismo y hasta un poquito de cinismo. Pero no podemos permitírnoslo, nos jugamos mucho. El ascenso de la ultraderecha no es inevitable ni irresistible, y en esa resistencia no sobra nadie, ni tampoco sobran ideas.

Cualquiera que lo intente, cualquiera que haga algo contra el desánimo, merece respeto, atención y confianza. Bienvenidas sean todas las propuestas.