
A una semana del asesinato de Álex, el menor de 13 años asesinado en Sueca (Valencia), la investigación se centra ahora en el estado mental de su asesino confeso. El juez que instruye el caso ha ordenado a la Guardia Civil que investigue si el hombre, de 48 años, tenía antecedentes psiquiátricos. Esta nueva línea de investigación busca esclarecer si el autor del crimen era consciente de sus actos en el momento de los hechos.
En un auto reciente, su señoría solicita un historial médico completo del detenido y ha ordenado que los peritos del juzgado le realicen un examen exhaustivo. El objetivo es determinar si sus capacidades volitivas e intelectivas estaban mermadas.
De concluirse que es un enfermo mental y, por tanto, inimputable, podría ser absuelto en un futuro juicio y se le aplicaría una medida de seguridad, como el internamiento en un centro psiquiátrico, en lugar de una pena de prisión convencional.
Los hechos que llevaron a la muerte de Álex son espeluznantes. Según el relato, el presunto asesino le pidió a su propio hijo que llamara a Álex para que fuera a su casa a jugar a videojuegos. El plan del hombre era tener al niño a solas, hasta el punto de que le dijo a su hijo que, si venía algún amigo más, les daría 10 euros para que se fueran a otro sitio. Mientras los niños jugaban, el adulto veía un partido de fútbol en la televisión.
En un momento dado, el hombre confesó al juez que tuvo un arrebato.
Se dirigió a la cocina, cogió un cuchillo y atacó a Álex en el baño, asestándole varias puñaladas. Los datos de la autopsia preliminar ya habían confirmado que la fuerza empleada en el ataque correspondía a la de una persona adulta, descartando así las primeras sospechas de que el padre pudiera estar encubriendo a su hijo.
Los gritos de Álex alertaron a su amigo, que salió corriendo de la habitación para ver qué sucedía. Al asomarse, vio a su padre golpeando con un bate de béisbol algo que había en el suelo. En un primer instante, el niño pensó que era una rata, pero al cambiar de ángulo, descubrió con horror que la víctima era su amigo Álex.
El terror se apoderó del hijo del asesino, que, según las crónicas del caso, llegó a suplicarle a su padre: “a mí no me mates, por favor”.
En ese instante, el hombre pareció reaccionar. Tiró el bate, abrazó a su hijo diciéndole que no se preocupara y lo llevó a casa de sus abuelos. Inmediatamente después, se presentó en el cuartel de la Guardia Civil para entregarse y confesar que había matado a un niño.
Cuando abrazó a su hijo tras cometer el crimen, el asesino confeso pronunció una frase clave para la investigación: “fíjate lo que me ha obligado a hacer tu madre”. Estas palabras apuntan directamente a una posible venganza relacionada con su exmujer.
La pareja estaba separada y, apenas dos semanas antes, se había celebrado una vista por la custodia de los hijos en la que la madre había renunciado a ella.
La principal teoría que se maneja es que el asesino consideraba a Álex un chivato. Presuntamente, el niño de 13 años le habría contado a su amigo que el padre de este lo maltrataba a él y a su hermana. El amigo se lo habría dicho a su madre, amiga a su vez de la exmujer del asesino, lo que habría desencadenado el conflicto. En su mente, el hombre culpó al niño de sus problemas familiares y lo asesinó por venganza, dejando una estela de dolor y una tragedia que ha marcado para siempre al pueblo de Sueca y a un niño que ha perdido a su amigo a manos de su propio padre.













