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NUEVA AMENAZA EN MASPALOMAS: LA PATA DE CAMELLO INVADE LAS DUNAS
La actividad humana ha propiciado que una planta exótica, conocida como pata de camello (Neurada procumbens), se haya extendido por las Dunas de Maspalomas, ocupando ya un 36% de su superficie.
Origen y expansión de la especie
Esta planta, originaria del cinturón desértico subtropical que se extiende desde el norte de África hasta el oeste de la India, fue introducida en las Dunas de Maspalomas a finales del siglo XIX, adherida a las patas de los dromedarios que trabajaban en la zona. Un estudio reciente publicado en la revista ‘Journal of Environmental Management’ revela cómo la alteración del ecosistema ha favorecido su expansión.
Investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) dividieron la reserva natural en 417 cuadrículas y comprobaron que la planta ha pasado de ocupar 87 de ellas en 2007 a 149 en 2023, extendiéndose hacia el sur y apareciendo en nuevos focos cerca de los accesos urbanos.
Causas de la invasión
El estudio, que analizó las causas de la invasión mediante Sistemas de Información Geográfica (SIG), encontró que la principal razón es la propia dinámica sedimentaria de las dunas. La pata de camello prospera en las zonas de arena estable, donde el viento apenas sopla, lo que le permite iniciar su ciclo germinativo. En cambio, en las crestas de las dunas, donde el viento es fuerte, la planta no germina.
Además, las infraestructuras turísticas que rodean el espacio natural protegido han alterado el flujo natural de los vientos alisios, creando zonas de “sombra de viento” donde el aire pierde fuerza para empujar la arena. Los alojamientos actúan como muros que impiden el desplazamiento de sedimentos, generando un sistema dañado y propicio para la expansión de la pata de camello.
Impacto de la actividad humana
La investigación también halló una correlación entre la densidad de senderos y la aparición de la planta en fases tempranas de colonización. Los frutos espinosos de la pata de camello se adhieren a los zapatos de los turistas y a los neumáticos de los vehículos, lo que facilita su transporte desde el núcleo principal hacia las áreas urbanas.
Consecuencias para el ecosistema
La expansión de la pata de camello tiene múltiples impactos negativos en el ecosistema de las Dunas de Maspalomas. Al ser una planta anual, al secarse deja restos que no se degradan rápidamente, cambiando el color de las dunas de amarillo a gris y transformando el paisaje. Además, crea “monocultivos”, desplazando a las comunidades nativas y simplificando la estructura del hábitat.
Todo esto ocurre en un sistema “en retroceso”, donde la presión humana ha provocado la desaparición de aves en peligro de extinción que nidificaban en la arena.
Las comunidades de tarajales y saladares de las Dunas funcionan como una barrera natural, ya que generan sombra y acumulan hojarasca, impidiendo el avance de la pata de camello. Sin embargo, la reforestación con tarajales no es una solución viable debido a su dependencia del agua subterránea.
Medidas necesarias
Los autores del estudio insisten en la necesidad de incluir a la pata de camello en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, lo que facilitaría la aplicación de medidas de control y erradicación. Recomiendan concentrar los esfuerzos en la eliminación manual de la planta en las zonas de baja movilidad de sedimentos y monitorizar las áreas donde todavía hay mucho transporte de arena. También señalan la importancia de conservar las comunidades de tarajales para su contención natural.
El Cabildo de Gran Canaria considera que la investigación respalda las líneas de actuación que se vienen desarrollando en las Dunas de Maspalomas. Afirman que ya se están aplicando algunas de las recomendaciones del estudio, como la eliminación y control de la planta en la zona de entrada de los camellos y los senderos, así como la instalación de postes y cuerdas para delimitar los senderos oficiales.
El Cabildo destaca el “papel fundamental” de las acciones de voluntariado y remarca la importancia de entender las Dunas de Maspalomas “no solo como un destino turístico, sino como un patrimonio natural que requiere implicación, respeto y compromiso para su preservación a largo plazo”.