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Nuevas restricciones al uso de móviles en menores: ¿Una tendencia global?
La inquietud por las consecuencias del uso de teléfonos móviles y redes sociales en menores va en aumento a nivel mundial. Tras la pionera prohibición australiana para menores de 16 años, Francia ha legislado para restringir su uso hasta los 15 años, abriendo un debate que resuena en países como Alemania, Grecia, Italia y España.
Efectos positivos de la desconexión digital
Los beneficios de limitar el acceso a estos dispositivos ya se observan en algunos lugares. En el condado de Jefferson (Kentucky, EE. UU.), la prohibición de móviles en las escuelas ha decuplicado el número de libros prestados en las bibliotecas escolares.
En España, donde la reciente prohibición a nivel nacional aún se está implementando, estudiantes como Elisa, de 17 años, destacan las ventajas: “Al no tener ese momento de desconcentración, prestamos más atención en clase, se nos quedan las cosas y luego no tenemos que hacer tanto trabajo en casa”.
Castilla-La Mancha, pionera en la regulación
Castilla-La Mancha fue una de las primeras comunidades autónomas en regular el uso de estos dispositivos en las escuelas, con una ley de 2014.
Sin embargo, no fue hasta el curso pasado cuando la prohibición se hizo explícita y generalizada, según Julián Serna, director del colegio Nuestra Señora del Prado de Ciudad Real. Antes, la regulación dependía de cada centro, lo que generaba dificultades para controlar su uso, especialmente durante los recreos.
Según Serna, la prohibición total ha generado cambios inmediatos: “la interacción entre los alumnos es mucho mayor” y, durante los descansos, “se ven otra vez los campos llenos de niños jugando a la pelota”. El uso de los móviles queda ahora limitado a fines pedagógicos, bajo supervisión del profesorado, que facilita dispositivos del centro a quienes no lo lleven de casa.
El “efecto fomo” y la adicción a las pantallas
La adaptación a esta nueva realidad no es fácil para los adolescentes. Iván Fernández, orientador del mismo centro, señala que la restricción les genera incomodidad por el “miedo a estar perdiéndose cosas, lo que se conoce como el efecto fomo”, una sensación de ansiedad social.
Este malestar se debe a que “determinadas aplicaciones están diseñadas para ser adictivas, y que la privación de la dopamina que generan, provoca en el alumnado irritabilidad y pérdida de control”.
Datos alarmantes sobre el uso del móvil fuera del horario escolar
Datos recopilados por el colegio revelan la magnitud del problema fuera del horario escolar.
Estudios internos muestran que los alumnos de tercero y cuarto de la ESO utilizan el móvil una media de más de siete horas y media diarias. “Nos preocupa mucho lo que se está haciendo a la hora de salir del centro y cómo les está afectando”, admite el director.
En casos extremos, el centro ha detectado que en el 100% de los adolescentes con conductas autolíticas graves, el consumo de pantalla supera las 12 horas y media al día. Julián Serna afirma: “Está claro que es una adicción, y como tal hay que tratarla y hay que tomarlo muy en serio”. Este uso descontrolado provoca un claro “deterioro de las relaciones personales, familiares” y una preocupante “falta de control de impulsos”.
Propuesta de desintoxicación digital para las familias
Para combatir el problema, el colegio ha propuesto a las familias un experimento de desintoxicación digital: abandonar el móvil desde el domingo por la noche hasta el jueves.
La medida exige un fuerte compromiso familiar y, según Serna, no está exenta de dificultades. Para que funcione, recomienda que el teléfono esté físicamente “fuera de casa”, como en la oficina de los padres, ya que esconderlo no es suficiente.
Aunque no todas las familias se suman, “el grado de satisfacción es altísimo” entre las que completan el proceso. Los primeros efectos positivos son una mejora en las relaciones familiares y en los resultados académicos. De hecho, el director confirma tener estudios que muestran una “correlación inversamente proporcional” y directa: “a más horas de consumo, peores resultados académicos”.
El móvil, concluye, agrava la tendencia natural al aislamiento del adolescente.
La responsabilidad familiar
El verdadero campo de batalla, por tanto, está en los hogares. Aunque los colegios establecen límites, la responsabilidad final recae en las familias. Muchos padres ceden por el miedo a que sus hijos queden socialmente aislados, una presión que ha impulsado la creación de iniciativas colectivas de familias que se unen para retrasar la entrega del primer móvil hasta los 15 o 16 años.













