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Albaola rescata el “Ozentziyo”, último atunero de madera y testigo de la pesca ancestral vasca
El astillero Albaola de Pasaia se embarca en un nuevo proyecto tras la exitosa restauración de la Nao San Juan: la recuperación del “Ozentziyo”, el último atunero de madera que practicó la cacea, una técnica de pesca tradicional. La iniciativa busca preservar el patrimonio cultural de los pescadores vascos a través de la historia de este barco de bajura.
La cacea: un arte de pesca milenario
La cacea es una técnica ancestral que consiste en pescar en movimiento utilizando dos cañas de gran altura desde las que se cuelgan hasta doce anzuelos. Xabier Agote, responsable de Albaola, explica que esta técnica podría ser anterior a la época romana, ya que se practicaba con pequeñas embarcaciones de vela de unos 12 metros que se impulsaban con el viento, extendiendo a ambos lados dos grandes perchas.
A los cordeles se ataban las “malutas”, un señuelo similar a un pez hecho con hojas de maíz e hilo de colores que contenía un par de anzuelos para engañar a los atunes. Hace medio siglo, los barcos a motor reemplazaron la cacea por la técnica del cebo vivo, en la que se pesca de forma estática, lanzando desde un costado una docena de cañas con peces vivos en los anzuelos.
Un homenaje a la gente del mar
Para Agote, la recuperación de esta embarcación es un tributo a la gente del mar.
“Su restauración supone un gesto de respeto hacia quienes hicieron del mar su vida”, afirma. El proyecto busca honrar a aquellos que se dedicaron a las artes de pesca tradicionales.
El “Ozentziyo”, un atunero de madera de 21 metros de eslora, fue construido en 1990 en los Astilleros Mendieta de Lekeitio. Durante sus años de actividad, participó en campañas de bonito en las que llegó a recorrer hasta 2.400 kilómetros. Actualmente, el barco se encuentra en la factoría de Pasaia, donde será sometido a un exhaustivo proceso de restauración.
Este atunero no es solo una embarcación, sino un símbolo de una forma de entender la pesca que ha perdurado a lo largo del tiempo.
En palabras de Agote, “es el último barco que, de una manera, una visión tal vez romántica, se aferró a la técnica ancestral”. Su recuperación permitirá que este legado no se pierda en el olvido.
El espacio que ocupaba la Nao San Juan ahora alberga este barco rescatado por Albaola en 2015, cuando estaba a punto de ser desguazado. Su casco conserva “el conocimiento técnico, humano y social de generaciones de pescadores y de un ecosistema portuario vinculado a la pesca de bajura”.
Albaola ha reabierto sus puertas al público y se puede visitar en su horario habitual.













